sábado, 8 de septiembre de 2007

Volviendo al vientre.

…su calidad no tenía precedentes. Colgar de aquel árbol dorado, aquel que nos nutría y nos abrigaba eternamente, dejaba una amarga sensación al considerar la propuesta.
Mirando desde las doradas hojas, vi a mis cercanos crecer lenta y cálidamente. De majestuosa manera, muchos rompían la inercia y la estática, bajando a tierra con la mayor de las dulzuras y encaminándose hacia el horizonte. Los vi durante años, los que pronto fueron décadas, siglos y luego milenios. Perdí el conteo del tiempo en un abrir y cerrar de ojos.
…ellos seguían bajando uno a uno, siempre siguiendo a los que se aventuraban primero.
Tomé mi decisión.
…moví mis brazos y mis piernas, recordando así que mi cuerpo también tenía fuerza… y demasiada.
…mi rama se curvó en un ademán de esperanza, depositándome en tierra sutilmente.
…abrí mis ojos de nuevo, potencié mi espíritu con una bocanada de aire, miré el gris paisaje que tenía por delante… allá donde la noche es eterna, y me dispuse a caminar.
…desde aquel árbol dorado, ese que fue mi primera morada, un río nacía de las gruesas raíces y se perdía en los límites de la vista… ese cause cristalino era nuestro guía hacia el final y el comienzo.
…a paso firme, la multitud que éramos recorrió valles y praderas, ciénagas y pantanos, desiertos de arena y algunos de nieve… siempre siguiendo el río y pendientes del firmamento, el cual pasaba de celeste y puro a rojizo y tenue… muy lentamente.
…cruzado por tantos mundos, manifestándose como un diluido numérico, vimos túmulos aparecer a nuestros costados. De ellos, los cuerpos putrefactos se alzaron con nuestro pasar y nos acompañaron en la marcha hacia la noche. Fuimos cientos… y ahora éramos millones.
…rasgando infiernos, desiertos, campos, lluvia y nieve, llegamos pronto al último de nuestros desafíos… pero no cabía posibilidad de miedo en nuestros corazones. …aceleramos el paso y, tranco a tranco, caminamos descalzos por una alfombra de piedras ásperas, pintando carmesí el tortuoso suelo… recordando nuestros incontables errores y pesares, los que se sentían como una montaña sobre nuestras espaldas.
…pero no nos detuvimos, ni por un segundo lo consideramos. Aquellos que caían eran levantados por manos amigas, y esos que tenían más fuerza alentaban con esperanzadores gritos de guerra al resto de la compañía. Nuestra fe estaba clavada en lo que encontrásemos detrás de lo que ahora era un roquerío.
…cuando los pies dejaron de doler y nuestros sentidos nos advirtieron de la sal en el aire, alzamos la mirada para presenciar el más bello de los mares. ¡Era agua… agua por doquier!
…nuestros pies sangrantes, sobre la arena, y nuestros corazones vitalizados, sobre las olas, sabían que debían esperar algunos minutos más. Y esperamos.
…todo había llegado a su punto máximo… ya no había razón para seguir caminando. Solamente quedaba, tanto para los hijos del árbol como para los putrefactos de los túmulos, aguardar con una sonrisa.
…la eterna noche se vio perturbada y evidentemente amenazada. Las estrellas, vivas como nunca, cayeron como flechas de luz y se perdieron fugazmente detrás del océano, desde donde las tinieblas comenzaron a morir. Estaba amaneciendo.
…cuando el primer rayo de luz solar partió el firmamento, nuestros pies se sanaron milagrosamente y la carne muerta de los que nos acompañaban se volvió piel rosácea y tersa, dejando ver por primera vez la inmensidad de la belleza en sus rostros.
…el Sol se mostró con esplendor, culminando el alba. Las penumbras se desvanecieron y el cielo volvió a ser tan celeste como en los inicios de los tiempos. Y nuestros cuerpos habían sido saneados.
…ya estábamos listos para cruzar el mar.

sábado, 21 de julio de 2007

Soñando dentro de un sueño.

Con lo ojos a medio cerrar y un frío que penetraba en mis poros y entumía mis huesos, vi una batalla sanguinaria de fuego y metal. Flechas que cubrían el cielo y caían como halcones sobre tantos padres de familia… hojas asesinas resplandeciendo antes de hundirse en carne y en gritos… bestias que galopaban con sus jinetes, sin saber la rezón de tal estupidez.
Caminaba con una taza de café en mi derecha y un cigarrillo en mi izquierda, esquivando o simplemente traspasando como un fantasma, a plena luz del día, a las miles y miles de personas que vivían para morir y morían para vivir. Miraba por entre sus ojos y sentía su dolor, su ira y su terror. Ellos expiraban uno a uno en esta frenética campaña mortal, mientras yo moría una y otra vez con cada defunción… mas no sufría.
Cuando mi taza quedó vacía y mi cigarrillo fue llevado por el viento, me aburrí de las posas de sangre y quise despertar.
Abriendo lo ojos lentamente ante el único rayo de luz que se filtraba entre el follaje, recordé bruscamente que mi cuerpo descansaba sobre las ramas de un árbol. El susto instantáneo me forzó a una rápida reacción para sostenerme de la madera, dejando caer de mis manos los papeles y la pluma que cubrían mi cuerpo. Atrapé las hojas con cierta dificultad, pero mi pluma emprendió una suave caída por entre el rocío, yendo a dar a una mano amiga.
La chica, mirándome con sus verdes y esperanzadores ojos, estiró su mano para entregarme mi principal y más letal arma tras una sonrisa cautivante. Estaba desnuda y montada sobre un cornudo caballo azul, al cual le rodeaban cientos más de su especie.
Acepté mi pluma con un ademán de profundo agradecimiento y bandadas de todo tipo de aves aparecieron de la nada para hacer de mi árbol su morada, destacándose un negro y brillante cuervo que se posó en mi pecho para hablarme… “En nombre de Gaia, te doy la bienvenida al ocaso.” El oscuro pájaro levantó el vuelo y la chica saltó ágilmente de su unicornio para sentarse a mi lado. Me miró de una manera indescriptible, dejando ver tantos sentimientos en sus ojos que no pude descifrarlos, pero uno destacó del resto… la pena ajena. Quedando perfectamente anclada a mi cuerpo y cubriéndome con sus largos y rizados cabellos anaranjados, acercó sus labios a mi oído para hablarme en un susurro… “Ya despierta, mi muchacho… que debes volver a dormir.”
Tal mundo desapareció en un santiamén y nuevamente abrí los ojos. Estaba tendido sobre mi cama, con una mano en el corazón y la otra en mi abdomen… el cual crujía del dolor. Me levanté con cierta calma, sin dar gran importancia a los sueños que me perseguían. Abrí mi ventana para respirar aire puro y retomé en mi mente las sanguinarias visiones de la realidad que me atormentaban… y descubrí que mis sueños habían sido remplazados por mi pesadilla, pero ahora el día debía continuar.
…fui por un café.

jueves, 12 de julio de 2007

La última voluntad de un sabio. Bérliod.

XI… Almas en pena.



…¡cuanta impotencia siento!
Sentado en el balcón de mi palacio, junto a mi peor enemigo, y viendo cómo se decapita al único grupo de jóvenes que me ha demostrado fidelidad… ¡y no puedo hacer nada! La incómoda corona que llevo sobre mi cabeza parece una débil fachada de inexistente poder.
“Jóvenes”… sí, jóvenes. Los tres bordean los veinte años y han dado más por su patria que este viejo Rey de setenta, y pagaran con sangre su correcta conducta. No soy digno de llamarme Rey. No soportaría que los historiadores pusieran el título de realeza al lado de mi nombre cuando se escriba sobre este atardecer… este funesto atardecer.
Ya nada queda por perder. Hemos perdido el honor en nuestra búsqueda por salvaguardar la paz de los ignorantes, mi país pronto perderá a tres de sus más fieles guerreros, mi hija perderá a sus tres protectores, mi sobrina perderá al único que ha llamado la atención de su corazón, yo perderé en algunos días tanto a mi hija como a mi sobrina… los dos seres que más amo en este mundo de hienas.
Al ver el espíritu de mi muchacha destrozado sobre el escenario, llorando un mar de lágrimas frías, he perdido también la esperanza y mi fe.
Ya nada queda.
Mi propia vida tiene poco valor ante el resto de mis tesoros… y siento que queda poco.
…¡voy tras de ti, maldito colega!

miércoles, 11 de julio de 2007

Luces en el cielo.

Todo es calma a mi alrededor. Los niños juegan con los niños, los hombres compiten con los hombres, las mujeres fingen sonrisas a las mujeres y los viejos aguardan junto a los viejos. Por el claro cielo las aves planean ante la brisa y recorren libremente el mundo, mientras que por la hierba los perros se revuelcan agitando su cola de felicidad.
El hoy no es muy diferente al ayer, pero la mujer que tomó mi mano para unirse a mi visión sabía que el mañana no sería ni la sombra de este común día.
Juntos quedamos de pie por horas, sintiendo cada sensación posible y atesorándola como lo más preciado de nuestras existencias. Nuestras manos, cansadas de cavar y heridas por el paso del tiempo, se frotaban entre ellas, recordando el tanto tiempo que se esperaron y se extrañaron. Nuestros ojos, que jamás se encontraron, estaban clavados en la enormidad del cielo, viendo pasar las nubes a velocidades impresionantes y al Sol partiendo el cielo en menos de un minuto.
La noche caía y las estrellas ahora nos saludaban con picardía, brillando como jamás les vi hacerlo.
Nuestros sentidos seguían siendo uno. La energía de ella se filtraba en mi aura como si siempre hubiese sido su morada, y mi energía se refugiaba en la suya, sintiendo por fin que regresaba al hogar del cual se le desterró hace tanto.
Las risas como música ambiental, el tránsito acompañándoles y una bulliciosa cuidad que levantaba una orquesta en honor a la vida.
Cayó la madrugada y el silencio vino con ella, haciendo prueba a nuestra paciencia y relajación. Pronto las estrellas se apagaron una a una y el Sol sacó un ojo entre dos montañas rebosantes de nieve. El Astro Rey nos saludó con un ademán de cálidos rayos que cubrieron nuestros cuerpos e inició su cotidiano recorrido de Este a Oeste.
Las personas salieron de sus muros nuevamente, armados con maletines y bolsos de todo tipo. Algunos acompañados, otros en multitud… muchos solos. Como hormigas que cargan sus futuros entre sus manos, pero ignorantes del mismo futuro.
Nosotros lo sabíamos… ya no había razón para caminar ni cargar.
Su mano se presionó fuertemente contra la mía, traspasándome su ruego por voluntad al cual respondí con una caricia. Supimos que el Sol no nos volvería a saludar desde que nos paramos a sentir nuestro mundo, pero la calma y seguridad que nos brindábamos nos hacía sonreír como un par de recién nacidos. Aún no quitábamos los ojos del cielo.
Por entre las nubes, cual ejército potenciado por la ira, se sumaron al firmamento cientos de miles de luces incandescentes. Se nos acercaban imponentes y crecían segundo a segundo, anunciando los cientos de años que viajaron para entregarnos un duro mensaje… el más duro de todos los mensajes.
Pronto los enviados fueron legión, forzando el pavor y la histeria en todo el mundo. La calma se hizo caos, las risas llantos y la tranquilidad desesperación.
Las aves huyeron, los animales se refugiaron sin sentido y los árboles se agitaron en sus puestos para dar ambientación a tal catástrofe.
Nosotros seguíamos mirando al cielo con una sonrisa, pero supimos que ya era el momento. Bajamos lentamente nuestras cabezas y nos enfocamos el uno en el otro. Sus azules ojos brillaban como la más bella de las gemas y penetraron en mi espíritu, así como una lanza ardiente.
Un estruendo destructor de tímpanos… gritos de desesperados hombres… un remesón cataclísmico… luz encandiladora… fuego… destrucción.
Ahora todo era calma eterna… nuestras manos aún estabas firmemente sujetas.

viernes, 6 de julio de 2007

La orgullosa libertad de un ladrón... Cleymuss.

X… Alas plegadas.



¿Cuándo dejé de cumplir las reglas? Ya no lo recuerdo… es tanto el tiempo. Mi memoria me muestra imágenes de mi niñez, imágenes donde mi madre intentaba ganarse la vida dentro de los márgenes de la ley… nunca resultó. Pronto comenzó a robar para alimentarme. Aprendió de una mujer, aunque no me acuerdo de nada de ella. Sólo sé que la atraparon un día y volví a quedar solo con mi madre, pero ahora ella sabía moverse en las calles y, obviamente, no tardó en enseñarme.
Recuerdo que teníamos sólo dos cosas que nunca abandonamos, su daga y mi Espada. Con ellas me enseñó a esgrimir, me enseñó a defenderme y a pararme en el mundo, me enseñó valores como el honor y la lealtad… ella me lo enseñó todo.
Cuando mi madre me dejó, viví con mi tío y él me dio educación, pero no tardó en dejarme también.
A los doce años quedé sólo en el mundo, y no necesitaba a nadie… o al menos eso creía.
Viví de las calles, por las calles y para las calles. Era un ladrón de mercado, y un actor callejero.
También recuerdo la cantidad de veces que me escapé de la Guardia Civil, volviéndome pronto el más buscado en la cuidad.
Mi vida era divertida, a pesar del gran vacío que nunca abandonó mi estómago. Iba a donde quería y hacía lo que quería. Estaba al margen de la ley y mis únicas reglas eran las de moral y ética que mi madre me había inculcado.
No tenía nada que envidiarle a los gorriones que sobrevolaban la cuidad… yo era libre.
Pero todo es un ciclo, y todo ciclo termina por eventualidad o decisión. El mío terminó por ambas.
Cuando vi amenazados los principios que nuestro Rey siempre nos había transmitido, no dudé ni por un segundo en cambiar mi segura estática como simple ladrón por una insegura condición de “traidor”, rompiendo las barreras de “el más buscado de la cuidad” para pasar a ser el más buscado en todo el mundo.
Si no lo hubiera hecho, mi pueblo habría sufrido, mi gente habría muerto y mis tierras se habrían podrido… aunque, la verdad, yo sólo conocía a mi mejor amigo y a la directora del orfanato.
Dejé todo ese día, pero no puedo arrepentirme. Una de las últimas cosas que recuerdo me dijera mi madre era que los guardianes perdían el honor. Ella, a pesar de sus implacables principios, era mi guardiana… y perdió el honor al volverse una ladrona para alimentarme. Si no hubiera hecho lo que hice, jamás me lo habría perdonado a mí mismo. Sabía que sería recordado por los siglos de los siglos como el más cerdo de los traidores y, cuando la historia hablase de mí, sería únicamente para escupir mi recuerdo… pero sentía que era el único en toda la cuidad que podía asegurar los Emblemas y, a pesar de saber que se me llamaría traidor, solamente yo podía se el guardián en ese momento… y perdí mi honor, mas logré mi objetivo y mi gente sigue con vida.
Ahora que estoy maniatado y camino con tres puntas de firmes hojas entre mis costillas hacia el palacio de mi enemigo, sé que moriré. El problema no es la muerte, jamás le temí, el problema es la forma. Me puede arrollar una carreta y no me sentiría mal, me podrían clavar una espada y no me sentiría mal, me puede caer un muro encima y mi temple se seguiría sintiendo bien… pero, de todas las formas de muerte que se me ocurren, jamás pensé que moriría atado de manos.
Se puede dar muerte a un ave a pleno vuelo y se le llama cacería, la misma ave puede ser aplastada por una rama y simplemente es eventualidad… pero matar un ave que está atada de alas es la cosa más inhumana que puede ocurrírseme.
Y, a pesar de morir privado de libertad, lo que más me duele es no poder decirle a ella lo que despertó en mi pecho esa tarde… ¡me odio por eso!
Te amo.

jueves, 5 de julio de 2007

Dura lección.

Ante la inmensidad del frío y sobre la quemante placa de hielo, un rubio hombre de cabellos largos y ondulados le quitaba la piel a su presa, una pequeña foca blanca ya muerta.
Desde atrás, en la distancia, el único humano cercano a millas se le acercaba a paso firme y orgulloso. El alto sujeto, ya percibido por el primero, detuvo su marcha a cinco metros del rubio y le miro por un minuto antes de hablar.
- Levántate, Hyoga. – Ordenó.
- Sí, maestro. – Acató rápidamente el muchacho, dejando su almuerzo para otro momento.
- Dime, muchacho… quiero que me digas, una vez más, por qué quieres concluir este entrenamiento y para qué lo iniciaste.
- Pues, como le dije hace cuatro años cuando llegué a la región, fui enviado por el señor Mitsumast Za-Kido para volverme un caballero. Esa es la razón por la cual inicié el entrenamiento. – Respondió el chico. – Al principio no me agradó la idea pero, al ver en lo que me podría convertir si continuaba, decidí quedarme y dar todo de mí.
- ¿Y por qué? – Preguntó nuevamente.
- Por que, como le dije, hace trece años el barco de mi madre se hundió en estas aguas. – Le respondió el chico. – El día que vi cómo usted partió el casquete polar con sus manos, y la resistencia que demostró a todos sumergido en el frío mar del Norte, me dio la esperanza de volverme tan poderoso como usted y lograr llegar a la tumba de mi madre. Como ya debe estar enterado, las aguas aquí no son profundas. Sólo necesito el poder para penetrar el casquete y la resistencia para soportar el frío. Eso me lo dará el entrenamiento. Es mi motivación, señor.
- Hyoga, - Habló el hombre, cerrando los ojos como si un gran pesar se posara en su corazón. - ¿ves ese oso que se alimenta de esa foca? – Señaló con el dedo.
- Sí, señor. – Afirmó el alumno.
- ¿Y por qué lo ves?
- ¿Señor? – Cuestionó al no entender la pregunta.
- En la sencillez está la claridad, Hyoga. Simplemente responde.
- Pues, porque tengo mis ojos y tanto el oso como la foca muerta están ahí en este momento, señor. – Respondió.
- No, Hyoga, no los ves porque tienes ojos. Ese oso y esa foca llevan ahí cinco minutos, pero recién ahora, que te alerte de sus presencias, lograste verlos. Y, a pesar de eso, siempre haz tenido ojos. – Rebatió el maestro. – Considerando mis últimas palabras, espero una nueva respuesta… ¿por qué los ves?
- Según lo que entiendo, señor, los veo porque tengo la habilidad natural de la percepción… porque tengo conciencia de lo que sucede a mi alrededor.
- Esa es la palabra, Hyoga… conciencia. – Confirmó el maestro. – Ahora te haré otra pregunta, y supongo que aún retienes todo lo conversado… ¿qué es la conciencia?
- Es la habilidad natural de percibir lo que nos rodea, señor. – Contestó con seguridad.
- Bien, Hyoga. – Felicitó. – Ahora te haré la última pregunta antes de concluir esta lección. Después de eso te dejaré alimentarte. ¿En cuántos planos se maneja la conciencia?
- Bueno… - Hyoga dudó claramente. Pensó durante algunos segundos, intentando encontrar una respuesta a tal pregunta que escapaba de todos sus conocimientos. – Me temo que no lo sé, señor.
- Claro que no lo sabes, ya que estás muerto, Hyoga.
- ¿Señor?
- La conciencia del hombre se maneja en tres planos, Hyoga, presente, pasado y futuro. – Comenzó a explicar el maestro. – Si no estás conciente de lo que te rodea y de lo que sucede a tu alrededor, estás ciego. Y si estás ciego de tu alrededor, sólo te espera muerte en el futuro. Hyoga, tu conciencia mora en el pasado, tu conciencia mora con tu madre y su tumba. Incluso si lograses tener poder para llegar a su tumba, eso sólo te pudrirá más, ya que verás en la muerte un logro. Está muerta y nada podrá cambiarlo, ya que es pasado. Y tú morirás en el futuro, Hyoga, ya que tu conciencia y tu atención no están a con tu alrededor, sino con tu pasado. Una persona que vive del pasado, es un muerto inconsciente en el presente. Una persona que vive en el futuro, es un muerto en el presente. Hyoga, viniste a este mundo frío para entrenarte y crecer, pero no le daré entrenamiento a un hombre que morirá, ya que no mal gasto mi preciado tiempo en plantar árboles que no darán frutos. Aprende a vivir en el presente, y recién encontrarás vida. Únicamente llegado ese momento te daré el año de entrenamiento que te resta. Búscame cuando estés listo para crecer, muchacho, o regresa a Grecia junto con tu pasado y tu pequeñez.

domingo, 1 de julio de 2007

Luz del bosque... sombra del valle.

El valle siempre ha sido igual de calmo. El viento, al menos en esta época, es suave y agradable y su silbido hace juego eterno con la armoniosa melodía del río. En otros tiempos del año las flores se esconden de las nubes y los relámpagos, pero en primavera danzan y se agitan sin cesar, mostrando así lo viva que está aún nuestra madre.
Son esas mismas flores las que me mostraron un día la perfección de la creación. Yo galopaba tranquilamente por entre los árboles del bosque cuando noté un extraño detalle en nuestra bella y colorida alfombra. Todas las flores eran blancas o amarillas, apareciendo de vez en cuando alguna tímida azulada, pero jamás había sido testigo de un camino de rojos pétalos que dividía el valle.
Salí del bosque a paso cauto y mis cuatro patas quedaron rígidas por la maravillosa visión que se me regaló. Un fantasma… por mis ojos y en la lejanía cruzó un blanco fantasma al galope y su femenino relinchar me hipnotizó fugazmente. Pero, ¿dónde estaba ahora? Ya había desaparecido y me dejó con esa sensación de incertidumbre.
¡El camino de flores rojas! Ella lo seguía, y yo lo seguiría. ¡Sí! ¡Así la encontraría!
Galopé a contraviento algunos minutos, ignorando las voces de mis amigos que me llamaban al pasar por el valle. Para mí ahora sólo existía esa senda de sangre, la cual pronto me condujo hacia el bosque del otro lado y se internó en él.
Nosotros teníamos prohibido el ingreso a ese bosque. Mi padre siempre me dijo que las criaturas que moraban entre ese follaje eran peligrosas y nada de lo que entraba lograba salir… pero no me importó. Recuerdo con nostalgia a muchos que se han perdido entre esos firmes troncos y jamás se les ha vuelto a ver… pero no me importó.
Seguí mi carmesí ruta y pronto descubrí que se hacía más y más estrecha, volviéndose pronto un hilo de pétalos que destacaba en el suelo como un hilo.
Nada vi. No había ardillas ni liebres, ni la más solitaria abeja se hizo presente.
Siempre he sido temeroso, pero ese ambiente me daba una tremenda calidez y esa imagen fantasmal en mi mente una seguridad indescriptible. Caminé y caminé, esquivando árboles y plantas de todo tipo que en mi vida había visto… hasta que la encontré.
El hilo terminaba en una cristalina laguna y, posada sobre la última de las flores y con el cuello gacho para beber, estaba ella prácticamente esperándome. Se incorporó con su mirada divina y generosamente me regaló su dulzura. Me acerqué sin miedo, pero nervioso como una rama al viento.
Su pureza, claramente reflejada en su blanco pelaje, se acercó a mí y nos encontramos a medio recorrido. El contraste de sus cabellos con mis oscuros tonos era perfecto, y nuestras siluetas se hicieron una cuando frotó su cuello contra el mío. ¡Cuanta seguridad! ¡Cuanta calidez! Todo lo vivido antes de eso parecía una farsa… ya que en ese instante encontré la verdadera vida.
Tenía mis ojos cerrados para disfrutar el momento y, cuando los abrí, descubrí decenas de iguales a ella. Me estremecí un poco y estuve a punto de retroceder algunos pasos, pero su cuello se posó en mi negra espalda, dándome tranquilidad… y me mantuve tranquilo.
No sé cuántos años más estaré en este mundo pero, los que sean, sé que nunca podré describir lo que ese día sucedió.
Los machos y hembras que nos rodeaban eran de todos colores… blancos, negros, marrones… incluso algunos azulados. Y todos formaron un círculo a nuestro alrededor, desplegando gigantescas alas que nacieron de sus lomos.
Ella me liberó inmediatamente y me miró fijo, acercando segundo a segundo su rostro al mío. Pronto su respiración y aliento se fundieron con los míos… nos besamos, y ella extendió también sus emplumadas alas blancas.
No recuerdo más de esa tarde, pero jamás volví al valle, haciendo de la laguna cristalina mi nuevo y permanente hogar.
Y ahora tengo enormes alas… ella me las dio.

Un ciego Comandante... Quifeathor.

IX… Máscaras rotas.



No fui más que una miserable marioneta.
Mi Señor Rey me había dicho, durante esas semanas, que el que robó nuestro Emblema era un simple ladrón de ciudad apoyado por un sirviente del Senado del país vecino. Jamás oí nada de esa elfa, jamás oí nada de esa niña, ni mucho menos de la princesa y la Comandante.
Cuando encontré por fin al traidor, tenía sometidos a tres de los mejores espadachines que he visto y a su orejuda compañera. Algo no estaba bien, él era bueno con las hojas… pero no tanto.
Sin embargo, mi lealtad al Rey me tenía ciego. Ahora sé que hay casos en que hay que cuestionarlo todo… incluso a aquellos que más amamos. Él era mi Rey, serví a su causa durante décadas… pero su causa no era más que una pantalla maliciosa para su verdadera meta. El ladrón me lo dijo en la cubierta de mi Destructor Real y no le creí… aún estaba ciego.
La mañana en la que el traidor entró por esa puerta que daba a mi prisión y se burló de mi imbecilidad, sentí asco de mí mismo y de mi rango de Comandante en Jefe. Apoyé al verdadero enemigo de todos confiando en que era nuestro salvador, mi Rey… y traté de matar al enemigo de todos sin saber que sería él quien peleaba por nuestra libertad, aquel ladrón. Debí haberlo supuesto cuando descubrí que la familia real púrpura le respaldaba. Hubo un regicidio, decenas de asesinatos, un parricidio y también un feroz genocidio… todo sobre mi nariz y nunca los vi.
…la muerte es el castigo más simple que imagino para mi error. ¡El problema es quién! Jamás pensé que moriría en sus manos. Maldito seas, traidor… y vagaré por este mundo podrido hasta el día en que aquel ladrón al que perseguí injustamente acabe con tu vida y la de tu padre, mi Rey… y reiré.

viernes, 29 de junio de 2007

NECIO

Como engañan las apariencias. Tus hermanos recibieron fuerza, agilidad, velocidad, dotes que se te negaron al nacer. A otros pares se les dio alas, cuernos, garras y corazas, de las cuales ninguna te sirve naturalmente. Surgiste como la carne más débil y blanda, pero con la peor de las armas… tu mente.

“Nuestra mayor virtud es siempre nuestro peor defecto”

Descubriste el fuego, herramienta que ningún par jamás habría soñado tener, y diste con él calor a tus hijos… a tu hogar… a tu frágil cuerpo. La naturaleza te lo regaló.

“Que madre más piadosa y sabia”

Pusiste piedra sobre piedra para protegerte de tus hermanos y de ti mismo. Levantaste murallas y elaboraste armas en tu afán por sobrevivir.
Comienza así tu búsqueda de la seguridad… la misma mente que te ha servido para encaminarte a la ruta de la grandeza, te mostró lo que es la muerte… y le temiste.

“Tus hermanos aún no caen en ese error, y nunca es tarde para aprender”

Te multiplicaste como la peor de las hierbas de la pradera, creciste como una burbuja que es inflada por un viento huracanado, pero sin romperse… aún.
Fuiste tantos que necesitaste una organización… y te organizaste, descubriendo así el poder.
Poder sobre tus iguales, poder sobre tu entorno.
Dominio.

“Cavas así tu propia tumba”

Pronto te sentiste orgulloso de tus logros. Caminaste a trancos hacia conquistas del ambiente, haciendo tuyos cielo, mar y tierra… y todo lo que en ellos había.
Usaste el fuego para la vanguardia de marchas de guerra, con las cuales dominaste la tierra. Usaste el fuego para construir las herramientas que te brindaron el don de la arquitectura, y conquistaste el mar con tus naves. Usaste el fuego para manipular los minerales de nuestra madre, y sometiste al cielo con tus pájaros de hierro.
Y no sólo usaste estos beneficios únicos, sino que también los sobre explotaste… y ahora tu madre reclama por el abuso.

“Mordiste la mano que te dio de comer, y el castigo más delicado sería el exilio”

Con tu mente conociste la belleza de manejar la comunicación. Números, letras, papel, señales telefónicas y ahora ya has alcanzado los satelitales… controlando también ambiente ajeno a nuestro mundo.
Los mensajes que antes tardaban décadas en llegar a destino, hoy los tenemos en un lapso de segundo.
Todo con el fin de acercarnos, y aún no veo que estemos verdaderamente cerca ni de nuestros vecinos.
Y usaste esto también como medio de control sobre tus iguales.

“Tiendes a crear belleza, hombre… y no tardas en darle el peor de los usos”

…….

¿Qué pretendes, miserable ser de extrema belleza?
Si seguimos matándonos entre nosotros, tarde o temprano no quedará uno solo… sin importar si nuestro “mal del conejo” se sostiene.
Si seguimos escupiendo nuestro plato de comida, pronto no será más que veneno de aparente dulzura… y no demoraremos en adoptar técnicas animales para sobrevivir. Así como opina un agente que conocí, hay seres en este mundo que cumplen con los patrones con los que nacimos… seres llamados virus.
El único camino que encuentro para detener el descenso del cronómetro es buscar espiritualidad. Aprovechar, así como se aprovechó la mente que a nuestros hermanos no se les dio de manera potenciada, nuestro espíritu.
Pero oigo lo que hablan, piensan y sienten (si es que se le puede llamar sentir) los demás, y me da tanta rabia y lástima de mi propia especie.
“Dios ha muerto” “El hombre lo es todo” “Somos la punta de la pirámide”

¡Basura!

Hay veces que me siento tan orgulloso de mi especie, y otras donde siento tanto asco de llamarme humano.
El espíritu es el segundo don potenciado que nos diferencia de nuestros hermanos, y todos parecen tener terror a usarlo.
¿Alguien puede ver el Amor? ¿Alguien puede ver la Pasión? ¿Alguien puede ver la Inteligencia? ¿Alguien puede ver el Dolor?
¡Claro que no, ya que se sienten!
Pero todos conocen por lo menos uno de ellos, y es porque estos nacen del espíritu.
Tontos… creen y conocen las ramas pero reniegan e ignoran el tronco.
Y aquellos que conocen el tronco, lo escupen una y otra vez al temerle a su inmensidad.
Es mi espíritu quien me prohíbe dañar a la Tierra, quien me prohíbe dañar a mis iguales y quien me prohíbe renegar el tronco.
Cierto, el tronco no se ve, pero ganen un poco de consecuencia y, si van a negar el tronco, nieguen también las ramas. Veamos a dónde van a parar sin amor, inteligencia, dolor ni pasión.
Veamos a dónde van a parar sin espiritualidad.
Fe.

“Y pensar que aún tengo confianza en la humanidad”
“A ratos me siento iluso”

Relldiloth... irlot traidor de traidores.

VIII… Fuego y viento.


…no podía creerlo. Había engañado durante semanas a las máximas autoridades del Gobierno y del ejército de ese país, también a mi Rey y a su Comandante Rojo y, para terminar, a dos de los mejores actores y ladrones del mundo. Había maquinado cada movimiento como los engranes de un reloj, tejido cada hilo como la más cauta araña… ¡y este imbécil de mi hermano pone en peligro todos mis planes! Bueno, él no sabía que yo iba en ese barco, ¡pero aún así! Fue un idiota. Si no fuera por mis enemigos, los que no sabían que eran mis enemigos, todo ese tiempo se habría perdido. Que par de niñas más descerebradas… salvaron el barco de una espectacular caída que nos habría matado a todos. ¡Y ese miserable y arrastrado ladrón de mercado! Luego de conseguir mis objetivos, el muy maldito me quita los Emblemas nuevamente, ¡era todo lo que quería y me los quitó! Y, por si fuera poco, luego de conformarme con su decapitación el muy maldito se escapa… ¡y esos oscuros! ¡Y esas niñas! ¡Cuanta rabia!
Tendré que empezar de cero, pero nadie se entrometerá en mis planes.
Ahora estoy solo… mi Rey se ha enterado de mi doble traición y el exilio es lo único que me queda.
… pero mi venganza será tremenda.
¡Maldito actor de mala muerte!

domingo, 24 de junio de 2007

Jofhed, actor y empresario de Altedia.

VII… La Cuna.



Pedazo de animal engreído… y al único al que podría llamar hermano. Y no es que tengamos lazo sanguíneo.
Lo conocí a los pies de un templo, pero nunca se lo he dicho. Él estaba durmiendo en las escaleras del lugar y me acerqué para dejarle una moneda. Para mí era un vagabundo cualquiera e hice lo que habría hecho por un vagabundo cualquiera. Sin embargo, cuando me giré para seguir mi camino, la moneda que le había dejado golpeó mi cabeza dejándome un gran chichón. Molesto, me di vuelta para ver qué diablos había pasado y lo vi de pie, con espada en mano y mirándome como se mira al ser que más se odia. Me gritó algunas cosas que hasta el día de hoy no entiendo, ya que estaba borracho y somnoliento, y luego me atacó miserablemente. Éramos sólo unos adolescentes. Me bastaron dos movimientos para dejarlo inconsciente y quitarle su negra Espada y me tardé dos minutos en decidir si lo mataba o lo dejaba ir. Algo en ese cuerpo inerte me impidió dar el fatídico golpe… él tenía algo que nunca pude explicar. Esa mañana guardé su Espada en su funda y lo devolví a los pies del templo, guardando también mi moneda, ya que entendí que lo había insultado con mi gesto. Uno tiende a creer que una persona que se ve sucia y andrajosa no es más que un mendigo, pero este tarado usa esa imagen para alejar de su vida a las personas que esteriotipan e interpretan lo que sus ojos dicen, dejando lo que dicta el corazón de lado. Esa mañana dejé mi corazón de lado y me guié por mis ojos, y por suerte este corazón despertó antes de matarle.
Dos semanas después lo vi sobrio en un mercado de la ciudad. Estaba haciendo una representación donde se mofaba del Senado y fue eso lo que me agradó de él. Me acerqué para conversar y descubrí que no recordaba nuestro antiguo encuentro, así que, después de ver su talento teatral, le propuse una reunión para formar un teatro como socios… y no aceptó inmediatamente. Después de mucho insistir, fue una sola la idea que lo hizo cambiar de parecer: “Tú tienes el sentimiento y yo la palabra. Un sentimiento sin palabra no es más que una verdad escondida y una palabra sin sentimiento no es más que una mentira al viento. Pero juntas, pueden llegar a cautivar al más frío de los corazones. ¡Vamos, lleguemos a ellos! ¡Saquémoslos de esta miseria!” Me vi en la obligación de recordar la mirada de odio que me dio a las afueras del templo, ya que la contrasté con la cálida expresión de hermandad que me regalaba ahora. Aceptó tras una sonrisa.
El día anterior a esa mañana en el templo, enterándome yo de esto un año después, él había perdido al único ser que le había amado… su madre. Fue la única vez que lo vi vulnerable y doy gracias a las estrellas por no haberle matado, ya que con su muerte habría sellado un fatal destino para miles y miles de personas alrededor de todo el mundo, incluyendo el mío.

Ephia, una polizón afortunada.

VI… Recorriendo sombras.



…ese día en el barco podría haberle escupido el rostro y me habría sentido tan orgullosa. Mi hermano decía que era lo peor de lo peor, y yo le creía a mi hermano… siempre le creí. Pero también decía que la Comandante era lo mejor de lo mejor y, para mi sorpresa, ella apoyaba al ser más despreciado de la faz de la tierra… bueno, al menos en esos días.
No confiaba en nadie, pero tampoco hallé motivos para desconfiar de nadie en cubierta. Junto a él nos infiltramos en esa base y se ganó mi respeto inmediatamente, sin mencionar que un día después peleó hasta el cansancio por salvar mi vida… y lo logró.
La tarde en que estaba maniatado en ese escenario de madera me sentí como la basura más grande. Había salvado mi vida y yo nada podía hacer por la de él. Sí, cierto, era sólo una quinceañera temblorosa, pero debía dar mi vida, de ser necesario, por intentar salvar la suya.
Él había luchado por salvar el mundo y ahora el mundo luchaba por cortar su cabeza… por suerte la cosa no se dio así. Aunque, a veces, me pregunto qué habría pasado si el mundo lo hubiera dejado como mártir, pero luego reacciono y digo: “¡oye, tonta! Lo estás matando en tu mente”.
Es que lo quiero tanto que agradezco día a día el poder aún presentar al traidor más grande que la historia recuerde como el padrino de mis hijos… el tiempo me ha enseñado que la vida es una ironía constante y, cuando menos te lo esperas, te bofetea con su sutil guante de seda.

Epitafio

ADEPTUS
C.S.A
Martes 16 de Diciembre de 1986 – Domingo 16 de Diciembre de 2007

“No importa que tan oscuros sean nuestros días, ni que tan inseguras se levanten nuestras noches.
No importa cuantas batallas tengamos que librar, ni cuantas derrotas nos aflijan.
No importa si la injusticia reina en la mente de todos, ni si el tirano gobierna sobre nuestra gente.
Lo importante es que la esperanza viva por siempre, ya que ella nos mantendrá de pie para seguir combatiendo estos males.
Y triunfaremos.

La muerte me ha sonreído y no me ha quedado más opción que devolverle la sonrisa.
Pero pronto la vida me volverá a sonreír, y gustoso estaré de devolverle a ella también el gesto.
Esperanza.”

jueves, 21 de junio de 2007

Corriente mental.

...

Son dos caras en un rostro… ambas lloran como el invierno más frío y ambas ríen como el Sol más vivo.
¡Esencia de vida y muerte!
¡Clamor de paz y guerra!
Hay quienes buscan la vida a través de la muerte… hay quienes buscan la paz a través de la guerra. ¿Hay alguna diferencia? Las cosas se buscan o simplemente se dejan.



Libertad… que palabra más utópica y mentirosa, pero me cautiva con su temple de esperanza.
Durmiendo sobre la fría hierba del valle, vi un unicornio que corría tras una mariposa. La colorida alada, en vez de subir su vuelo para escapar, se dejaba alcanzar y jugaba con su cazador, hasta que se posó en su nariz y lo forzó a estornudar tras un flameante hálito púrpura. El cornudo simplemente se sentó sobre la verde alfombra a ver cómo su compañera se perdía en la inmensidad del cielo.
Eso, para mí, es libertad… sencillez sin escrúpulos, dudas, ni miedo. Vivir.



Drástico como un rayo o cauto como una araña…
La canasta está llena y rebosante de manzanas, todas rojas y jugosas, de bella piel y perfecta forma… todas, menos una.
Las compañeras miraban a la podrida con lástima y querían ayudarle, por lo que ofrecieron sus cuerpos para cargar juntas tal cruz de muerte. Lentamente descubrieron que nada puede ganarle al tiempo y ya no era una la enferma, sino todas.
Sabia fue la manzana que propuso amputar el trozo podrido de su compañera, mientras se pudiera… nadie le escuchó.



Cuenta la leyenda que, en un mundo seco y yermo, sus hijos suplicaban por una gota de agua que nunca cayó.
Las madres veían como sus hijos se quebrajaban, los padres veían como sus familias se secaban, y los hijos veían como sus hermanos se petrificaban.
Era tal el dolor y el sufrimiento que no tardaron en romper en llantos… ríos de lágrimas evaporándose ante el Sol. Miles de personas que sentían que la vida se burlaba de ellos al regalarles gotas que desaparecían en segundos.
Ya nada podría salvarlos pero, de pronto, vieron como sus llantos hechos vapor se transformaban en grises nubes que no tardaron en tapar el Sol.
La lluvia cayó… los mares se formaron y sus vidas fueron bendecidas.
…sin dolor no te haces feliz.



Que irónico… la culpa es la mayor de las bendiciones, y nuestros atacantes los mejores maestros.
Es la conciencia la que nos fuerza a crecer desde dentro, negándonos la indolencia de producir daño. El error no es el error… el error es la falta de culpa.
No importa cuanto daño nos hagan, lo importante es saber cómo reaccionar… como aquel chino que persigue y asesina al monje tibetano y éste, en su inmensa sabiduría, le agradece desde lo profundo de su corazón. El militar chino, ignorante en los artes de la espiritualidad, se pregunta la razón de tal estúpida reacción… y el monje sólo contesta: “¡¡cómo no agradecerte!! Si me ayudas a cultivar la paciencia, don de los grandes.”



“Más vale golpe conocido que caricia por conocer”…
…¡que absurdo!
Para algunos es igual de complicado, pero mucho más sencillo. Cuando debes cruzar un río lo último que debes sentir es temor a la corriente.
El río está ahí… y la otra orilla allá. Tres canes a quienes sus dueños los llaman desde el otro lado.
Todos los amos tienen un objeto para sus animales, y el primero le tira una soga a su bestia, la que la toma con confianza, pero con las patas y no con el hocico… cruzando el río la corriente lo forzó a soltar la soga y se ahogó. Su amo no le enseñó cómo debía hacerlo. El animal debe ser enseñado… o siempre será un animal.
Al segundo su amo no le entregó nada, pero jamás le dio la espalda. “Cruza como puedas” le dijo… y cruzó. Bienaventurado sea.
Al tercero se le dijo “ven”, pero cuando se dispuso a cruzar, su mismo amo atravesó un muro gigantesco de hielo entre el can y el río… “no permitiré que te ahogues, por lo que no te dejaré cruzar”.
… de absurdo en absurdo. ¿Se le preguntó al perro?
De tres bestias una se ahogó y otra morirá tarde o temprano de hambre.
Sabio fue el dueño que ni ayudó ni perjudicó a su animal, ya que esa bestia fue la única que creció.



Se agita la corriente…

domingo, 3 de junio de 2007

Capitán Kirth... verdugo y salvador.

V… Ilusión y quiebre.



…y todavía no entiendo a ciencia cierta lo qué pasó ese día. Podría decir que mi vida cambió en aquel escenario de madera donde casi me convierto en el verdugo del que había salvado la vida de mi pequeña hermana, pero no, no fue ese el día.
Lo conocía desde hacía años y siempre lo desprecié. Es que cuando se jura con espada en mano para servir y proteger, se busca constantemente el prestigio que conlleva un logro, y él siempre me hizo hacer el ridículo en público. Mi misión era apresarle para que fuese juzgado y que se pudriera su cuerpo y su recuerdo en un frío calabozo pero, cuando por fin logré verlo maniatado y su vida estuvo en mis manos, me odié por tener que matarle. Gracias a las estrellas no fue así.
Sin embargo no fue ese el momento donde mi perspectiva cambió, sino aquel día cuando trabajaba para mis viejos enemigos y el grupo me convenció de mi error. ¡Fue todo tan rápido! Lo odié durante años y lo aprendí a respetar de un segundo para otro.
Que irónica es la vida. Quién diría que un Capitán como yo terminaría trabajando junto al hombre más buscado en las cuatro naciones. Y que orgulloso me siento ahora de haber estado equivocado.
Cuando éramos enemigos me hizo tragar fango más de una vez, y ahora sé que me desayunaría gustoso un plato diario por enmendar mi error.

Willpower!!

Mmmmm… seis meses, trece días, ocho horas y treinta y ocho minutos… seis meses, trece días, ocho horas y treinta y ocho minutos… ¿qué son contra veinte años, cinco meses, veintitrés días, cuatro horas y cuarenta y ocho minutos?
…supongo que nada.
Es que, sí, es como en una carrera... puedes dar veinte, treinta o cien vueltas y todas te parecerán iguales. Mismo cansancio paulatino, misma emoción, mismo deseo, misma fe… todas serán prácticamente lo mismo, menos la última. ¡Ahí está la meta! ¡La puedes ver! ¡No hay que seguir corriendo! Te esperan pétalos cayendo del cielo, una gran botella con agua, aplausos en tu honor y también una enorme copa dorada saturada de champaña… lo único que hay que hacer es llegar a ella.
La sensación es extraña… sí, lo sé, no debe ser diferente, está bien así. Pero aún así es extraña. Como cuando sufres un deja-vu y te preguntas por qué se produce ese fenómeno, y la explicación que le das es la que los científicos encontraron apropiada y “comprobable”… “un ojo ve primero y las señales llegan a destiempo al cerebro”… sin embargo, a pesar de conformarte con esa idea, algo en tu interior te dice que las piezas no encajan, que algo falta o algo sobra… inconscientemente sabes que algo no está bien con esa idea, pero te conformas, porque alguien calificado de prestigioso te lo dijo o se lo dijo a alguien que te lo dijo.
Como un golpeado de tequila con cicuta… y mucho limón.
Seis meses, trece días, nueve horas y ocho minutos… ¡rayos, son sólo 16.967.280 segundos!
…16.967.279… 16.967.278… 16.967.277… u_u ya me mareé…
Lo que necesito ahora es concentrarme. Sacarme de la cabeza el embudo alto del reloj de arena y concentrarme en el bajo… el que se está llenando.
Sólo espero que no duela… ¬¬ bueno, y si duele qué! Ya estoy curado de espanto… da lo mismo.

Y pensar que estas vueltas son sólo el calentamiento… ¿cómo será la otra pista? ¿Cómo será el otro estadio?
“¡¡No comas ansias!!” me dijeron por ahí… nunca he sabido seguir el consejo.

16.966.856…
16.966.855…
16.966.854…

jueves, 24 de mayo de 2007

Sin dolor no te haces feliz.

Supongo que entenderás que es para ti…

Sufrimiento… sufrimiento… ¿alguien me puede definir esta palabra?
No… ese es uno de mis más grandes defectos y lo he aprendido a asumir, no estoy acostumbrado a hablar. Me declaro mudo de nacimiento. No me verás tomarte y llevarte a conversar, pero podría escribir decenas de biblias en tu honor. Es por eso que ocuparé este manoseado canal… las letras.
No entiendo tu afán de creer o sentir que harás daño… no entiendo ese miedo a hacer sufrir. Nacemos imperfectos y es esta imperfección natural la que nos da esa chispa que nos diferencia de Pedro, de Juan y de Diego. Y, como colateralidad de esta imperfección natural, surge el sufrimiento de uno para el otro. ¿Es normal hacer sufrir entonces? SÍ, y especialmente cuando se ama.
Cuando amas tiendes a decidir, buscar caminos, idealizar, ilusionar… todas cosas con incierto y posible daño colateral… daño que produce sufrimiento.
Es normal hacer sufrir, la gracia está en la fortaleza del “otro sentimiento” para soportarlo, aquel que verdaderamente importa… soportar el sufrimiento y aprender de él… crecer.
Lo anormal sería no hacer sufrir, de hecho, ya que implicaría perfección… condición inalcanzable entre los que pisamos la Tierra.
En otras palabras, si lo amas no temas hacerlo sufrir… teme no darle amor.

u_u
¡Que imbécil! Me siento como si construyera el palacio de mi peor enemigo… y con gusto. :s :s :s :s :s Bueno, mientras tú vivas ahí… construyo con gusto.
u_u

Mira, creo que la mejor forma de reflejar esta idea es con una oración personal:
“YO SERÍA LA PERSONA MÁS FELIZ SUFRIENDO A TU LADO”.

- en fin –

¡Ve por él!
¡Caza tus sonrisas!
¡Ve por tu corazón!
^^y ya cura tus alas^^
…que lo mereces.

TKM….

lunes, 21 de mayo de 2007

Comandante en Jefe Jeiz. Un beso agridulce.

Eras… eras lo último en lo que me debí fijar. ¡Cómo es posible! Lo negué hasta el último segundo, hasta que mis manos ya no soportaron no tocarte y mis entumidos labios ya no aguantaron el temblor. ¡Que tonta fui! Tuve que ver como te alejabas, como te perdía, para recién descubrir a qué se debía ese fuego en mi pecho. Incluso a un paso de la muerte intenté contenerme de correr a tus brazos… sólo lo intenté.
En esa carrera hacia ti, a trancadas por las podridas escaleras de madera, sentí que mis segundos finales quebrarían esa muralla llamada tiempo y caería sobre ti como una flecha rasante.
No me importó nada… ni el público, ni mi gente, ni siquiera mis enemigos… hasta mi vida me valió poco.
Ahora que te tengo y ahora que me tienes puedo gritar este sentimiento de aquí al infinito… y reflejarlo en un beso. Las circunstancias lo decían, “será el primero y el último”… pero será.
Alcancé un clímax espiritual con la unión de nuestros labios… ¡que sensación más cálida! Y que sensación más fría a la vez. Tú te ibas y me dejabas atada a un mundo seco y sanguinario, un mundo por el cual te sacrificaste, un mundo que ahora te asesina para saciar su sed de venganza y al cual tú le dabas autorización para tomar tu vida. Para arrancarla de mí.
Siento tanto calor entre tus brazos. Aún a un paso de la muerte me haces sentir segura.
Por primera vez somos uno… siento tanta dulzura aquí, y a la vez tanta tristeza. Detesto las despedidas.
¡No! ¡No me sueltes! ¡Vuelve! ¡Podemos revertirlo!
Déjame ser tu espada. Empuñaré la hoja con nuestro coraje y levantaré un escudo con nuestro amor.
¡Sé que puedo hacerlo! ¡Me siento capaz! ¡No te vayas!
…no me hagas llorar… sé que puedo lograrlo… apartemos las sombras y…
…no podré seguir…
¡Después de este momento perfecto me abandonas como si nada! ¡Te odio! ¡Maldito seas!
…………¡no te quiero ver morir!
Ya nada tiene sentido… el ocaso casi termina. El Sol se ha puesto y ya debes cumplir con tu condena… te amo!

miércoles, 16 de mayo de 2007

La última de las Blancas. Aília.

IV… Antigua luz.


…¡cuántos años han pasado! ¿Treinta? ¿Cincuenta? Tal vez fueron ochenta, ¿y qué importa? Cuando se es prisionero, ya sea exteriormente o de uno mismo, el tiempo se vuelve un fantasma que orbita sin descanso a nuestra cabeza. Puede dar mil vueltas ante nuestros ojos y siempre parecerá que aún está en su primer ciclo.
Casi cien años y los únicos que verdaderamente han valido la pena fueron estos últimos… y eso gracias a ellos.
Todavía tenía los ojos llorosos cuando me estaba dando ese baño a la luz de la luna… baño que terminó con su llegada. Cualquier otro habría seguido su camino y me habría dejado a la merced de mi sangre, la cual me había atormentado por décadas y décadas, pero no él.
Descubrió mi mentira como quien corre una cortina para que la luz entre en un cuarto, sin embargo también descubrió mi dolor y mi pesar. Vio en mis ojos el asco y el repudio que sentía hacia mí misma por mentir, y aún así confió en mí… me ayudó.
Esa noche juré que sería la última en la que mentiría y también fue ahí cuando decidí dejar de velar por mí misma y comenzar a trabajar por el resto… por el mundo… por quienes me habían liberado… y he fallado.
Espero que ese último esfuerzo haya sido productivo… espero salvarlo tal como me salvó, o ambos habremos caído.

Teniendo todo se tiene nada... teniendo nada se tiene todo. Paradójico, ¿no?

Tengo... sí, tengo frío.
Tengo también hambre, y mucha,
pero tengo un pan con queso y palta que pronto comeré a mi lado.
Tengo sed,
y flojera... no me quiero parar a buscar agua.
Tengo sueño. Nueve horas en mi almohada ya no son suficientes.
Tengo... un café, sí, un café negro y un pilar de vapor que sale de él.
Tengo... ¡rayos! Tengo mucho humo flotando en mi pieza.
Y tengo cinco colillas de cigarros en mi cenicero (ya voté las otras quice).
Ah, y uno en la mano que colabora con la ventilación.
Tengo... un celular a mi izquierda, con un mensaje que no he leído y dos llamadas que aún tengo que hacer.
Tengo un reloj, aunque está malo... sus minutos son eternidades. Pero es un reloj.
Tengo un lote de CD's molestos por el poco uso que les doy.
Tengo... ^^tengo música envolviendo mi habitación. Evanescence perforando mis sentidos.
Aún tengo frío... ¬¬ voy por un polerón, aunque dudo mucho que me ayude.
Ahora que la veo, también tengo una silla. La acabo de volver a ocupar. Es cómoda.
Tengo cientos de apuntes pegados por toda la muralla, exponiendo mi pésima memoria.
Tengo siete plumas negras pendiendo de un hilo de cuero... están a contraluz y siempre parecen vivir.
Tengo un nuevo cigarro en mi mano, y una nueva colilla en el cenicero.
Tengo alegría... grandes personas, eventos y sucesos a mi alrrededor.
Tengo tristeza... grandes personas, eventos y sucesos a mi alrrededor.
Tengo una máquina del tiempo en mi espíritu, hablando y hablando...
Tengo una nave dimencional en mi corazón, dictando y dictando...
Tengo un objetivo...
Tengo una promesa...
Tengo una apuesta...
Y una fatídica condición...
Tengo ganas de hablar... pero mis palabras sólo causarían molestias. Mejor me callo.
Tengo una mente que no quiere trabajar,
un cuerpo al que ya dormir no le basta,
un alma solitaria cansada en su proceso de purificación,
y un espíritu molesto de molestias...
.......no tengo nada, y así es mejor.......

domingo, 6 de mayo de 2007

Aghannon, posadero de Sitaí.

III… Bohemios enemigos.

Hacía mucho que no le veía, y jamás pensé volver a hacerlo.
Yo era una de las personas más respetadas en mi pueblo desde mi adolescencia, pero siempre alguien tenía que recordarme al único imbécil que me había humillado… el único que me había derrotado, ¡y de que forma! Si me hizo ver como un niño jugando con una espada de madera. Me hizo sentir como a alguien que se le daban clases de esgrima.
Cuando entró por la puerta de mi posada lo reconocí inmediatamente, a pesar de los años. Él ni siquiera me vio, aunque debo reconocer que el humo de mi local cegaba a cualquiera.
Aunque nunca creí volver a verle, me entrené día a día para cuando me lo topase. Es que la vida siempre se encarga de sorprendernos y darnos uno o dos giros bruscos de vez en cuando, ¡y que remezón me envió esa noche! Normalmente uno debiera decir “nefasta noche” pero, aunque mis piernas fueron perforadas, mi local perdido y mi vida desarticulada… esa noche las estrellas me hicieron una propuesta que no pude rechazar… elegir entre mi anormal y podrida vida o luchar por una mejor.
Él se había acercado a hablar con uno de mis trabajadores… el cantinero. Yo llegué desde atrás y escuché su conversación unos segundos antes de intervenir. Quería desenfundar y forzarlo al combate, pero algo me dijo que aguardara… y aguardé. Estaba verdaderamente intrigado por sus acompañantes encapuchados, aunque no tardé mucho en descubrir sus identidades.
Ahí comprendí que mi destino cambiaría bruscamente… ya nada sería como antes. Mi honor iba a ser puesto a prueba y gracias a las estrellas no flaqueé.
Siempre lo detesté y quería descuartizarlo frente a todos mis clientes, y la verdad es que no sé cómo ahora puedo llamar hermano a tal pedazo de animal…
Ahora agradezco con una sonrisa la llegada del más despreciado de mis rivales y su grupo…
Es extraño… siempre pensé que moriría viejo y arrugado en una cama donde me perdería en el anonimato, y actualmente no hay sitio al que vaya sin que sepan mi nombre y mis logros… nuestros logros.
Así como la mayor de las virtudes puede ser también el peor de los defectos, mi mayor enemigo se volvió el mejor de los aliados.

Un grillete para una palabra...

Me viste llegar entre gritos, llantos y dolor… me uniste a mi corazón y me brindaste protección. Me hablaste y yo intenté escuchar… ¿cuál fue la…? Sí, la recuerdo… ahora la recuerdo. Día a día, segundo a segundo, cuando me despierto y también cuando me duermo… “escucha, escucha una y otra vez. Mira, mira una y otra vez. No hables, no aún, todavía no… sólo escucha una y otra vez sin cesar, pero no descuides mi mirada, que ella te dará la señal para alzar la voz, hablar si es posible… ojalá gritar. ¡Quiebra esos tímpanos sumergidos en cemento! Y así saldrás de tu inmenso ataúd”
He oído tanto… miles de millones de palabras, horrendas palabras, bellas palabras… simplemente palabra tras palabra. Putrefacción, tormento, sufrimiento, angustia, duda, incertidumbre, claridad, calma, paz, luz, libertad, vida, amor… son tantas… es mi elección, así lo planteaste. “Sólo una… elige sólo una y grítala desde más allá de tu cuerpo”…
Amo la libertad, te brinda claridad, calma, paz, luz y… vida.
Me miraste antes del nacimiento y me sonreíste… te miraré antes de la muerte, y no dudaré en regalarte mi primera sonrisa.
¿Ya puedo gritar?
No, ¿cierto? No, no... claro que no, ya que estos gritos están prisioneros de las letras.

martes, 1 de mayo de 2007

FOTOFOBIA

Luz, luz, luz… tanta luz y uno así. Es que, después de ver ese cálido Sol que fuerza la incorporación, los ojos ya no quieren ver nada más. Ese brillo perpetuo me cegó… encandiló mi visión sin piedad alguna y ahora ni una luciérnaga puede pasar frente a mí sin molestarme su endeble relampagueo. Y, sin muchas opciones, uno piensa en arrancarse los ojos, mascarlos hasta el hastío y escupirlos en el primer basurero que se encuentre. ¡Rayos, que drástico! No… mejor sólo los cierro.
Una lámpara, una vela, una linterna… suma y sigue, y ya anochece. Aunque este penumbroso manto de puntos blancos alcance su clímax, me niego a usar luz artificial. Prefiero tener los ojos cerrados y dormir las eras que dure la noche… es que nada puede compararse con el bendito Sol.

martes, 17 de abril de 2007

El cometa y su amarga copa.

Cuántas estrellas hay en el cielo… ¿diez millones? ¿Mil millones? Billones, talvez.
Podríamos estar sentados mirando el firmamento por décadas sin poder contar ni una ínfima fracción de nuestras luminosas compañeras.
¿Luminosas?... ahí está el punto: ¿Cuántas de ellas brillan de verdad? Más complicado aún.
Todas aparecen, recorren nuestro cielo, dan magia a nuestras noches y luego se esconden, pero ninguna es capaz de decirnos si es opaca o luminosa… ¿nos hace eso vivir en una fantasía cuando admiramos su belleza?
Al final, lo único que rescato como verdadero en ese salpicado lácteo es lo peor: Que nacen algún día, se pasean por sobre nuestras cabezas una y otra vez, y luego mueren.
Lo grandioso de las estrellas es que, cuando dejan de vivir, su destino no se termina. Algunas simplemente se van y no queda ni el recuerdo de su existencia, pero otras brillan acá por algunos cuantos miles de años más… que forma más majestuosa de prolongar su ser después de la muerte.
Por ahí un amigo dice que el hombre debe dejar tres legados: un hijo, un libro y un árbol. Siendo sus hijos los astros que caen de ellas al fallecer, su libro la luz que nos llega por miles de años más y su árbol, qué más podría ser sino su calor constante de vida.
Una estrella entre billones… ese es el contenido sin contenido del asunto.
¿Sabrá nuestra estrella que algún día se apagará? Debe saberlo, y no la culpo por ello… todo lo sabemos.
¿Sabrá nuestra estrella cuándo se apagará?

¿Entenderá alguien a dónde quiero llegar con mi metáfora?

Comandante en Jefe Jeiz

II... Irónica compañía.



Me sentía extraña sentada junto a él. Esa noche pensé, viéndole dormir como a un niño, lo irónica que era la vida. ¿Qué podía estar haciendo una de las máximas representantes de la ley junto a un sucio ladrón? No entendía qué había visto mi prima en alguien así como para confiarle tanto… ¡por todas las estrellas, se habían conocido sólo una noche atrás!
Para mí no era más que un patán que prefería robar antes que trabajar… bueno, aunque nos había dicho sus motivos y, por más que lo negué… eran ciertos.
No parecía tan hábil ni tan escurridizo enrollado entre la hierba mientras dormía.
Simplemente tenía que levantar mi espada y su carrera como delincuente habría terminado, pero mi prima dio una orden y no tuve más opción que cumplirla. Aunque la verdad es que, con todo lo que lo despreciaba, no se me habría hecho difícil escapar de mis deberes. No sé por qué no lo hice… mi corazón me detuvo, creo. Yo no sabía si era un traidor o un héroe, pero sí sabía que era un ladrón y yo la Comandante de las fuerzas que él violó cientos de veces. Sí, lo despreciaba… y también ese sobrenombre absurdo con el que me llamaba. ¡Que patán más fastidioso! Y con aires de sutileza, para peor. ¡Cretino!
Si tan sólo hubiese podido atacarle… si tan sólo hubiera podido matarle… si tan sólo…

Que bueno que no pude… sin duda ahora sería la mujer más infeliz del mundo.

domingo, 15 de abril de 2007

Princesa Lóridel de Befepia.

I... ¿Traidor, ladrón o héroe?


...era un animal, de eso estoy segura. Las personas seguían sus rumbos ignorándolo ¡y cómo no!, si era una sombra oculta en las penumbras de un callejón. Todos compraban, vendían y trasportaban sus insignificantes mercancías sin prestar atención al ser de mayor trascendencia en nuestra historia... al hombre que lo cambiaría todo... aquel que traería libertad. Yo aún no lo sabía, pero esa silueta perdida en la oscuridad, haraposa y sucia, marcaría mi vida para siempre. Sus polvorientos cabellos caían hasta los hombros y danzaban al son de un molesto viento, y sus ojos eran lanzas que buscaban carne para atravesar. Cada persona del mercado era una potencial víctima de este hábil ladrón, y nadie se sentía amenazado. El mayor don del cazador.
Cuando se movió, mi corazón latió histérico al ver su destreza. El tiempo se detuvo frente a mis ojos y todo se volvió silencio perpetuo.
Corría con felinos reflejos escabulléndose entre las masas, como un pez en un mar de aceite. Era una gacela al saltar... era un ladrón profesional... será un traidor... pero, como pocos hijos de este tierra putrefacta, será también un héroe... el más grande. Desde mi niñez jamás me sentí verdaderamente segura pero, a través de mis rojizos cabellos azotados por la brisa, vi por primera vez a quien me daría esa seguridad... un simple ladrón, un prófugo traidor y el más grande héroe... mi Campeón.

sábado, 14 de abril de 2007

Black

- ¿Has venido por mí? - Preguntó la vieja desde la cama del hospital a un hombre que entraba en la sala.
- No, vieja. No he venido por ti. - Respondió resaltando la indolencia en sus ojos.
- ¡Ay que mal! ¿Entonces por qué has venido? ¿Viniste por alguien más? - Preguntó la vieja sin encontrar respuesta. - Aaaa... ya sé. Viniste por la linda doctora.
- Sí, vieja, vine por la doctora.
- Pero no viniste a llevártela. Viniste porque sientes cosas por ella, ¿no? - El hombre asintió con la cabeza ante las palabras de la anciana. - Perooo... ¿tienes permitidas esas cosas?
- No lo sé, vieja... no lo sé. - Contestó sentándose en una silla que estaba al lado de la cama.
- ¿Y ella sabe quién eres? - Preguntó ahora, sabiendo de antemano cuál era la respuesta... una negación. - ¿¡Y por qué la buscas si no sabe quién eres!? Eso es malo. Ella no puede ir donde tú vas.
- Pero ella me ama, vieja, y sí la puedo llevar conmigo. - Aseguró.
- Ah, pero eso entonces no es amor.
- ¿Por qué no?
- Porque si la amaras respetarías donde está ella ahorita y no la llevarías a un lugar donde aún no debe estar. - Le dijo.
- ¿Y qué es amor entonces?
- Cuando una persona te ama es cuando conoce tus más oscuros secretos y, sin embargo, no le importan. Cuando conoce tus manchas más grandes y las acepta junto a ti... - Le contestó. - Ella no sabe quién eres, ¿cómo podría amarte entonces? Y tú no confías en ella para contarle quién eres, ¿cómo podrías amarla entonces? - La vieja se acomodó en su almohada. - Ya déjate de esas tonteras y mejor llévame a mí. - Dijo en un tono casi de súplica.
- ¡Me lleva! - Exclamó el hombre levantándose bruscamente. - ¡Los que vengo a buscar se quieren quedar y los que pretendo dejar se quieren ir! ¿Ustedes están todos locos?
- Ella es joven y tiene mucho por vivir aún, mientras que yo soy vieja y he vivido más de lo que necesito. - Insistió. - Hace mucho que estoy lista.
- Eso no lo decides tú, vieja.
- He pasado por lo suficiente ya y guardo en mi corazón lo necesario. Ya llévame. No pido nada más... no necesito nada más.
- ¿Crees que tienes suficiente?
- Ella estará bien aquí y tú deberías dejarla. Ya tienes su linda imagen en tu mente y eso lo guardarás por siempre. Es mejor así. Si insistes en pelear por algo que no debe ser, esa linda imagen se hará fea y sucia, mejor sería que la guardaras en tu corazón tal como está... linda. Es mejor así.
- ¿Tú guardas una linda imagen en tu corazón, vieja? - Preguntó el hombre sentándose nuevamente en la silla. La vieja asintió con una sonrisa y sostuvo su mirada en los ojos del berdugo. Éste, entendiendo los sentimientos de la mujer, llevó su mano abierta al maltratado rostro de la vieja. Ambos cerraron sus ojos por algunos segundos y el aire se convirtió en absoluto silencio, quebrado sólo por un leve y frágil suspiro que escapó por los arrugados labios. - Descansa en paz, vieja.

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oooFusión de tres diálogos de "¿Conoces a Joe Black?"

viernes, 9 de marzo de 2007

ADEPTO

Es extraño... juro que lo intenté. Tomé el teléfono y llamé a mi pasado, algo en mí quería volver a hundirse en ese fango frío que tanto me costó abandonar. Quizás sea por protección estelar o por mera suerte (cosa en la que no creo), pero fui a dar a un buzón de voz. Cuando, como era de esperarse, ese mundo me devolvió la llamada, mi mano quedó suspendida sobre el teléfono viendo como el visor me anunciaba que ese era el momento clímax de mi decisión... que si apretaba un simple botón para aceptar, ya no habría vuelta atrás. Después de unos segundos el aparato dejó de chillar y mi corazón se tranquilizó momentáneamente. Desde entonces no han secado las llamadas y yo aun no contesto.
Tengo mis ideas claras, de eso estoy seguro... nunca las había tenido tan claras. Quizás por eso mismo es que busqué una manera de confundirme y así poder huir de algo que ya echó raíces en mí. Traté de huir, pero me di cuenta que era imposible... ¿cómo correr de algo que se lleva por dentro? Con una sonrisa melancólica lo acepté y comprendí que ese era mi problema y de nadie más... moriré en silencio y lo atesoraré en las sombras, pero mi pasado se queda donde está... en el pasado. Quizás mi cabeza estaba dispuesta a volver, pero mi corazón dictaba otra cosa... tú así lo quieres, por lo que me veo en la obligación de morir en silencio para no perturbar tu existir, mi dulce ángel. O al menos lo intentaré… debo reconocer que mi voluntad está siendo bombardeada por mis sentimientos.
Ahora no soy más que estática e inercia.

martes, 6 de marzo de 2007

ADEPTO

Es extraño pensar en lo que fui y en lo que soy... y más extraño aun si agrego lo que seré.Vivía en un mundo podrido se carne, placer y sudor... un mundo sin escrúpulos ni pudores donde la única luz que se podía ver era la débil señal de esperanza en el pecho de cada quien. Hice sufrir a mucha gente... hicimos sufrir... y muchos lo intentaron conmigo, mas mi frío corazón nunca se los permitió. Todos ahí me veían como el más infeliz de los infelices, un animal sin sentimientos ni reglas... sin barreras ni límites... pero todo tiene un fin, o al menos eso creía.Miré a mi alrrededor y vi tanta sangre y tantas lágrimas... tanto sufrimiento en tantas personas que apostaban sus cálidos corazones por un poco de risas falsas... y todos, sin excepción, los terminaban perdiendo.Me harté. Me cansé de ser visto como un animal y de ver al resto como objetos. Me saturé del alcohol y las drogas. Me aburrí de tomar pieles sin sentimientos. Huí tan lejos, tan lejos... que mi mundo podrido lentamente comenzó a quedar atrás. Levanté los brazos y logré sacar mis manos del fango... luego mis brazos, cabeza, cuerpo y piernas... estaba fuera! Estaba libre! El Sol brillaba sobre mi cabello y su cálido don pronto me envolvió... y sonreí por primera vez en muchos años. Gracias a esa energía que envolvía mi cuerpo, ahora podría sentir... y sentí.Más temprano que tarde comprendí que este nuevo mundo iba a ser mucho más difícil de vivirlo que el anterior... sin embargo sólo aquí el Sol brillaba, y decidí quedarme.Es mucho más fácil ser frío y pragmático... es mucho más fácil ser sólido e insensible... es mucho más fácil ser inhumano.Decidí tomar el camino difícil, y jamás pensé que llegaría el momento de arrepentirme. Es que estaba acostumbrado a controlarlo todo allá abajo, y aquí todo me controla... a los sentimientos los descubrí incontrolables, así como a las emociones, así como al sufrimiento que recién conocía.Es tan difícil controlar un sentimiento.En este nuevo mundo fui feliz, cosa que me agradó en gran medida... sin embargo también fui infeliz, cosa que soporté hasta cuando pude.Seré cobarde, pero estoy empezando a reconciderar mi pantano fangozo.