Ephia, una polizón afortunada.
VI… Recorriendo sombras.
…ese día en el barco podría haberle escupido el rostro y me habría sentido tan orgullosa. Mi hermano decía que era lo peor de lo peor, y yo le creía a mi hermano… siempre le creí. Pero también decía que la Comandante era lo mejor de lo mejor y, para mi sorpresa, ella apoyaba al ser más despreciado de la faz de la tierra… bueno, al menos en esos días.
No confiaba en nadie, pero tampoco hallé motivos para desconfiar de nadie en cubierta. Junto a él nos infiltramos en esa base y se ganó mi respeto inmediatamente, sin mencionar que un día después peleó hasta el cansancio por salvar mi vida… y lo logró.
La tarde en que estaba maniatado en ese escenario de madera me sentí como la basura más grande. Había salvado mi vida y yo nada podía hacer por la de él. Sí, cierto, era sólo una quinceañera temblorosa, pero debía dar mi vida, de ser necesario, por intentar salvar la suya.
Él había luchado por salvar el mundo y ahora el mundo luchaba por cortar su cabeza… por suerte la cosa no se dio así. Aunque, a veces, me pregunto qué habría pasado si el mundo lo hubiera dejado como mártir, pero luego reacciono y digo: “¡oye, tonta! Lo estás matando en tu mente”.
Es que lo quiero tanto que agradezco día a día el poder aún presentar al traidor más grande que la historia recuerde como el padrino de mis hijos… el tiempo me ha enseñado que la vida es una ironía constante y, cuando menos te lo esperas, te bofetea con su sutil guante de seda.

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