Comandante en Jefe Jeiz. Un beso agridulce.
Eras… eras lo último en lo que me debí fijar. ¡Cómo es posible! Lo negué hasta el último segundo, hasta que mis manos ya no soportaron no tocarte y mis entumidos labios ya no aguantaron el temblor. ¡Que tonta fui! Tuve que ver como te alejabas, como te perdía, para recién descubrir a qué se debía ese fuego en mi pecho. Incluso a un paso de la muerte intenté contenerme de correr a tus brazos… sólo lo intenté.
En esa carrera hacia ti, a trancadas por las podridas escaleras de madera, sentí que mis segundos finales quebrarían esa muralla llamada tiempo y caería sobre ti como una flecha rasante.
No me importó nada… ni el público, ni mi gente, ni siquiera mis enemigos… hasta mi vida me valió poco.
Ahora que te tengo y ahora que me tienes puedo gritar este sentimiento de aquí al infinito… y reflejarlo en un beso. Las circunstancias lo decían, “será el primero y el último”… pero será.
Alcancé un clímax espiritual con la unión de nuestros labios… ¡que sensación más cálida! Y que sensación más fría a la vez. Tú te ibas y me dejabas atada a un mundo seco y sanguinario, un mundo por el cual te sacrificaste, un mundo que ahora te asesina para saciar su sed de venganza y al cual tú le dabas autorización para tomar tu vida. Para arrancarla de mí.
Siento tanto calor entre tus brazos. Aún a un paso de la muerte me haces sentir segura.
Por primera vez somos uno… siento tanta dulzura aquí, y a la vez tanta tristeza. Detesto las despedidas.
¡No! ¡No me sueltes! ¡Vuelve! ¡Podemos revertirlo!
Déjame ser tu espada. Empuñaré la hoja con nuestro coraje y levantaré un escudo con nuestro amor.
¡Sé que puedo hacerlo! ¡Me siento capaz! ¡No te vayas!
…no me hagas llorar… sé que puedo lograrlo… apartemos las sombras y…
…no podré seguir…
¡Después de este momento perfecto me abandonas como si nada! ¡Te odio! ¡Maldito seas!
…………¡no te quiero ver morir!
Ya nada tiene sentido… el ocaso casi termina. El Sol se ha puesto y ya debes cumplir con tu condena… te amo!

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