domingo, 6 de mayo de 2007

Aghannon, posadero de Sitaí.

III… Bohemios enemigos.

Hacía mucho que no le veía, y jamás pensé volver a hacerlo.
Yo era una de las personas más respetadas en mi pueblo desde mi adolescencia, pero siempre alguien tenía que recordarme al único imbécil que me había humillado… el único que me había derrotado, ¡y de que forma! Si me hizo ver como un niño jugando con una espada de madera. Me hizo sentir como a alguien que se le daban clases de esgrima.
Cuando entró por la puerta de mi posada lo reconocí inmediatamente, a pesar de los años. Él ni siquiera me vio, aunque debo reconocer que el humo de mi local cegaba a cualquiera.
Aunque nunca creí volver a verle, me entrené día a día para cuando me lo topase. Es que la vida siempre se encarga de sorprendernos y darnos uno o dos giros bruscos de vez en cuando, ¡y que remezón me envió esa noche! Normalmente uno debiera decir “nefasta noche” pero, aunque mis piernas fueron perforadas, mi local perdido y mi vida desarticulada… esa noche las estrellas me hicieron una propuesta que no pude rechazar… elegir entre mi anormal y podrida vida o luchar por una mejor.
Él se había acercado a hablar con uno de mis trabajadores… el cantinero. Yo llegué desde atrás y escuché su conversación unos segundos antes de intervenir. Quería desenfundar y forzarlo al combate, pero algo me dijo que aguardara… y aguardé. Estaba verdaderamente intrigado por sus acompañantes encapuchados, aunque no tardé mucho en descubrir sus identidades.
Ahí comprendí que mi destino cambiaría bruscamente… ya nada sería como antes. Mi honor iba a ser puesto a prueba y gracias a las estrellas no flaqueé.
Siempre lo detesté y quería descuartizarlo frente a todos mis clientes, y la verdad es que no sé cómo ahora puedo llamar hermano a tal pedazo de animal…
Ahora agradezco con una sonrisa la llegada del más despreciado de mis rivales y su grupo…
Es extraño… siempre pensé que moriría viejo y arrugado en una cama donde me perdería en el anonimato, y actualmente no hay sitio al que vaya sin que sepan mi nombre y mis logros… nuestros logros.
Así como la mayor de las virtudes puede ser también el peor de los defectos, mi mayor enemigo se volvió el mejor de los aliados.

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