jueves, 24 de mayo de 2007

Sin dolor no te haces feliz.

Supongo que entenderás que es para ti…

Sufrimiento… sufrimiento… ¿alguien me puede definir esta palabra?
No… ese es uno de mis más grandes defectos y lo he aprendido a asumir, no estoy acostumbrado a hablar. Me declaro mudo de nacimiento. No me verás tomarte y llevarte a conversar, pero podría escribir decenas de biblias en tu honor. Es por eso que ocuparé este manoseado canal… las letras.
No entiendo tu afán de creer o sentir que harás daño… no entiendo ese miedo a hacer sufrir. Nacemos imperfectos y es esta imperfección natural la que nos da esa chispa que nos diferencia de Pedro, de Juan y de Diego. Y, como colateralidad de esta imperfección natural, surge el sufrimiento de uno para el otro. ¿Es normal hacer sufrir entonces? SÍ, y especialmente cuando se ama.
Cuando amas tiendes a decidir, buscar caminos, idealizar, ilusionar… todas cosas con incierto y posible daño colateral… daño que produce sufrimiento.
Es normal hacer sufrir, la gracia está en la fortaleza del “otro sentimiento” para soportarlo, aquel que verdaderamente importa… soportar el sufrimiento y aprender de él… crecer.
Lo anormal sería no hacer sufrir, de hecho, ya que implicaría perfección… condición inalcanzable entre los que pisamos la Tierra.
En otras palabras, si lo amas no temas hacerlo sufrir… teme no darle amor.

u_u
¡Que imbécil! Me siento como si construyera el palacio de mi peor enemigo… y con gusto. :s :s :s :s :s Bueno, mientras tú vivas ahí… construyo con gusto.
u_u

Mira, creo que la mejor forma de reflejar esta idea es con una oración personal:
“YO SERÍA LA PERSONA MÁS FELIZ SUFRIENDO A TU LADO”.

- en fin –

¡Ve por él!
¡Caza tus sonrisas!
¡Ve por tu corazón!
^^y ya cura tus alas^^
…que lo mereces.

TKM….

lunes, 21 de mayo de 2007

Comandante en Jefe Jeiz. Un beso agridulce.

Eras… eras lo último en lo que me debí fijar. ¡Cómo es posible! Lo negué hasta el último segundo, hasta que mis manos ya no soportaron no tocarte y mis entumidos labios ya no aguantaron el temblor. ¡Que tonta fui! Tuve que ver como te alejabas, como te perdía, para recién descubrir a qué se debía ese fuego en mi pecho. Incluso a un paso de la muerte intenté contenerme de correr a tus brazos… sólo lo intenté.
En esa carrera hacia ti, a trancadas por las podridas escaleras de madera, sentí que mis segundos finales quebrarían esa muralla llamada tiempo y caería sobre ti como una flecha rasante.
No me importó nada… ni el público, ni mi gente, ni siquiera mis enemigos… hasta mi vida me valió poco.
Ahora que te tengo y ahora que me tienes puedo gritar este sentimiento de aquí al infinito… y reflejarlo en un beso. Las circunstancias lo decían, “será el primero y el último”… pero será.
Alcancé un clímax espiritual con la unión de nuestros labios… ¡que sensación más cálida! Y que sensación más fría a la vez. Tú te ibas y me dejabas atada a un mundo seco y sanguinario, un mundo por el cual te sacrificaste, un mundo que ahora te asesina para saciar su sed de venganza y al cual tú le dabas autorización para tomar tu vida. Para arrancarla de mí.
Siento tanto calor entre tus brazos. Aún a un paso de la muerte me haces sentir segura.
Por primera vez somos uno… siento tanta dulzura aquí, y a la vez tanta tristeza. Detesto las despedidas.
¡No! ¡No me sueltes! ¡Vuelve! ¡Podemos revertirlo!
Déjame ser tu espada. Empuñaré la hoja con nuestro coraje y levantaré un escudo con nuestro amor.
¡Sé que puedo hacerlo! ¡Me siento capaz! ¡No te vayas!
…no me hagas llorar… sé que puedo lograrlo… apartemos las sombras y…
…no podré seguir…
¡Después de este momento perfecto me abandonas como si nada! ¡Te odio! ¡Maldito seas!
…………¡no te quiero ver morir!
Ya nada tiene sentido… el ocaso casi termina. El Sol se ha puesto y ya debes cumplir con tu condena… te amo!

miércoles, 16 de mayo de 2007

La última de las Blancas. Aília.

IV… Antigua luz.


…¡cuántos años han pasado! ¿Treinta? ¿Cincuenta? Tal vez fueron ochenta, ¿y qué importa? Cuando se es prisionero, ya sea exteriormente o de uno mismo, el tiempo se vuelve un fantasma que orbita sin descanso a nuestra cabeza. Puede dar mil vueltas ante nuestros ojos y siempre parecerá que aún está en su primer ciclo.
Casi cien años y los únicos que verdaderamente han valido la pena fueron estos últimos… y eso gracias a ellos.
Todavía tenía los ojos llorosos cuando me estaba dando ese baño a la luz de la luna… baño que terminó con su llegada. Cualquier otro habría seguido su camino y me habría dejado a la merced de mi sangre, la cual me había atormentado por décadas y décadas, pero no él.
Descubrió mi mentira como quien corre una cortina para que la luz entre en un cuarto, sin embargo también descubrió mi dolor y mi pesar. Vio en mis ojos el asco y el repudio que sentía hacia mí misma por mentir, y aún así confió en mí… me ayudó.
Esa noche juré que sería la última en la que mentiría y también fue ahí cuando decidí dejar de velar por mí misma y comenzar a trabajar por el resto… por el mundo… por quienes me habían liberado… y he fallado.
Espero que ese último esfuerzo haya sido productivo… espero salvarlo tal como me salvó, o ambos habremos caído.

Teniendo todo se tiene nada... teniendo nada se tiene todo. Paradójico, ¿no?

Tengo... sí, tengo frío.
Tengo también hambre, y mucha,
pero tengo un pan con queso y palta que pronto comeré a mi lado.
Tengo sed,
y flojera... no me quiero parar a buscar agua.
Tengo sueño. Nueve horas en mi almohada ya no son suficientes.
Tengo... un café, sí, un café negro y un pilar de vapor que sale de él.
Tengo... ¡rayos! Tengo mucho humo flotando en mi pieza.
Y tengo cinco colillas de cigarros en mi cenicero (ya voté las otras quice).
Ah, y uno en la mano que colabora con la ventilación.
Tengo... un celular a mi izquierda, con un mensaje que no he leído y dos llamadas que aún tengo que hacer.
Tengo un reloj, aunque está malo... sus minutos son eternidades. Pero es un reloj.
Tengo un lote de CD's molestos por el poco uso que les doy.
Tengo... ^^tengo música envolviendo mi habitación. Evanescence perforando mis sentidos.
Aún tengo frío... ¬¬ voy por un polerón, aunque dudo mucho que me ayude.
Ahora que la veo, también tengo una silla. La acabo de volver a ocupar. Es cómoda.
Tengo cientos de apuntes pegados por toda la muralla, exponiendo mi pésima memoria.
Tengo siete plumas negras pendiendo de un hilo de cuero... están a contraluz y siempre parecen vivir.
Tengo un nuevo cigarro en mi mano, y una nueva colilla en el cenicero.
Tengo alegría... grandes personas, eventos y sucesos a mi alrrededor.
Tengo tristeza... grandes personas, eventos y sucesos a mi alrrededor.
Tengo una máquina del tiempo en mi espíritu, hablando y hablando...
Tengo una nave dimencional en mi corazón, dictando y dictando...
Tengo un objetivo...
Tengo una promesa...
Tengo una apuesta...
Y una fatídica condición...
Tengo ganas de hablar... pero mis palabras sólo causarían molestias. Mejor me callo.
Tengo una mente que no quiere trabajar,
un cuerpo al que ya dormir no le basta,
un alma solitaria cansada en su proceso de purificación,
y un espíritu molesto de molestias...
.......no tengo nada, y así es mejor.......

domingo, 6 de mayo de 2007

Aghannon, posadero de Sitaí.

III… Bohemios enemigos.

Hacía mucho que no le veía, y jamás pensé volver a hacerlo.
Yo era una de las personas más respetadas en mi pueblo desde mi adolescencia, pero siempre alguien tenía que recordarme al único imbécil que me había humillado… el único que me había derrotado, ¡y de que forma! Si me hizo ver como un niño jugando con una espada de madera. Me hizo sentir como a alguien que se le daban clases de esgrima.
Cuando entró por la puerta de mi posada lo reconocí inmediatamente, a pesar de los años. Él ni siquiera me vio, aunque debo reconocer que el humo de mi local cegaba a cualquiera.
Aunque nunca creí volver a verle, me entrené día a día para cuando me lo topase. Es que la vida siempre se encarga de sorprendernos y darnos uno o dos giros bruscos de vez en cuando, ¡y que remezón me envió esa noche! Normalmente uno debiera decir “nefasta noche” pero, aunque mis piernas fueron perforadas, mi local perdido y mi vida desarticulada… esa noche las estrellas me hicieron una propuesta que no pude rechazar… elegir entre mi anormal y podrida vida o luchar por una mejor.
Él se había acercado a hablar con uno de mis trabajadores… el cantinero. Yo llegué desde atrás y escuché su conversación unos segundos antes de intervenir. Quería desenfundar y forzarlo al combate, pero algo me dijo que aguardara… y aguardé. Estaba verdaderamente intrigado por sus acompañantes encapuchados, aunque no tardé mucho en descubrir sus identidades.
Ahí comprendí que mi destino cambiaría bruscamente… ya nada sería como antes. Mi honor iba a ser puesto a prueba y gracias a las estrellas no flaqueé.
Siempre lo detesté y quería descuartizarlo frente a todos mis clientes, y la verdad es que no sé cómo ahora puedo llamar hermano a tal pedazo de animal…
Ahora agradezco con una sonrisa la llegada del más despreciado de mis rivales y su grupo…
Es extraño… siempre pensé que moriría viejo y arrugado en una cama donde me perdería en el anonimato, y actualmente no hay sitio al que vaya sin que sepan mi nombre y mis logros… nuestros logros.
Así como la mayor de las virtudes puede ser también el peor de los defectos, mi mayor enemigo se volvió el mejor de los aliados.

Un grillete para una palabra...

Me viste llegar entre gritos, llantos y dolor… me uniste a mi corazón y me brindaste protección. Me hablaste y yo intenté escuchar… ¿cuál fue la…? Sí, la recuerdo… ahora la recuerdo. Día a día, segundo a segundo, cuando me despierto y también cuando me duermo… “escucha, escucha una y otra vez. Mira, mira una y otra vez. No hables, no aún, todavía no… sólo escucha una y otra vez sin cesar, pero no descuides mi mirada, que ella te dará la señal para alzar la voz, hablar si es posible… ojalá gritar. ¡Quiebra esos tímpanos sumergidos en cemento! Y así saldrás de tu inmenso ataúd”
He oído tanto… miles de millones de palabras, horrendas palabras, bellas palabras… simplemente palabra tras palabra. Putrefacción, tormento, sufrimiento, angustia, duda, incertidumbre, claridad, calma, paz, luz, libertad, vida, amor… son tantas… es mi elección, así lo planteaste. “Sólo una… elige sólo una y grítala desde más allá de tu cuerpo”…
Amo la libertad, te brinda claridad, calma, paz, luz y… vida.
Me miraste antes del nacimiento y me sonreíste… te miraré antes de la muerte, y no dudaré en regalarte mi primera sonrisa.
¿Ya puedo gritar?
No, ¿cierto? No, no... claro que no, ya que estos gritos están prisioneros de las letras.

martes, 1 de mayo de 2007

FOTOFOBIA

Luz, luz, luz… tanta luz y uno así. Es que, después de ver ese cálido Sol que fuerza la incorporación, los ojos ya no quieren ver nada más. Ese brillo perpetuo me cegó… encandiló mi visión sin piedad alguna y ahora ni una luciérnaga puede pasar frente a mí sin molestarme su endeble relampagueo. Y, sin muchas opciones, uno piensa en arrancarse los ojos, mascarlos hasta el hastío y escupirlos en el primer basurero que se encuentre. ¡Rayos, que drástico! No… mejor sólo los cierro.
Una lámpara, una vela, una linterna… suma y sigue, y ya anochece. Aunque este penumbroso manto de puntos blancos alcance su clímax, me niego a usar luz artificial. Prefiero tener los ojos cerrados y dormir las eras que dure la noche… es que nada puede compararse con el bendito Sol.