viernes, 29 de junio de 2007

NECIO

Como engañan las apariencias. Tus hermanos recibieron fuerza, agilidad, velocidad, dotes que se te negaron al nacer. A otros pares se les dio alas, cuernos, garras y corazas, de las cuales ninguna te sirve naturalmente. Surgiste como la carne más débil y blanda, pero con la peor de las armas… tu mente.

“Nuestra mayor virtud es siempre nuestro peor defecto”

Descubriste el fuego, herramienta que ningún par jamás habría soñado tener, y diste con él calor a tus hijos… a tu hogar… a tu frágil cuerpo. La naturaleza te lo regaló.

“Que madre más piadosa y sabia”

Pusiste piedra sobre piedra para protegerte de tus hermanos y de ti mismo. Levantaste murallas y elaboraste armas en tu afán por sobrevivir.
Comienza así tu búsqueda de la seguridad… la misma mente que te ha servido para encaminarte a la ruta de la grandeza, te mostró lo que es la muerte… y le temiste.

“Tus hermanos aún no caen en ese error, y nunca es tarde para aprender”

Te multiplicaste como la peor de las hierbas de la pradera, creciste como una burbuja que es inflada por un viento huracanado, pero sin romperse… aún.
Fuiste tantos que necesitaste una organización… y te organizaste, descubriendo así el poder.
Poder sobre tus iguales, poder sobre tu entorno.
Dominio.

“Cavas así tu propia tumba”

Pronto te sentiste orgulloso de tus logros. Caminaste a trancos hacia conquistas del ambiente, haciendo tuyos cielo, mar y tierra… y todo lo que en ellos había.
Usaste el fuego para la vanguardia de marchas de guerra, con las cuales dominaste la tierra. Usaste el fuego para construir las herramientas que te brindaron el don de la arquitectura, y conquistaste el mar con tus naves. Usaste el fuego para manipular los minerales de nuestra madre, y sometiste al cielo con tus pájaros de hierro.
Y no sólo usaste estos beneficios únicos, sino que también los sobre explotaste… y ahora tu madre reclama por el abuso.

“Mordiste la mano que te dio de comer, y el castigo más delicado sería el exilio”

Con tu mente conociste la belleza de manejar la comunicación. Números, letras, papel, señales telefónicas y ahora ya has alcanzado los satelitales… controlando también ambiente ajeno a nuestro mundo.
Los mensajes que antes tardaban décadas en llegar a destino, hoy los tenemos en un lapso de segundo.
Todo con el fin de acercarnos, y aún no veo que estemos verdaderamente cerca ni de nuestros vecinos.
Y usaste esto también como medio de control sobre tus iguales.

“Tiendes a crear belleza, hombre… y no tardas en darle el peor de los usos”

…….

¿Qué pretendes, miserable ser de extrema belleza?
Si seguimos matándonos entre nosotros, tarde o temprano no quedará uno solo… sin importar si nuestro “mal del conejo” se sostiene.
Si seguimos escupiendo nuestro plato de comida, pronto no será más que veneno de aparente dulzura… y no demoraremos en adoptar técnicas animales para sobrevivir. Así como opina un agente que conocí, hay seres en este mundo que cumplen con los patrones con los que nacimos… seres llamados virus.
El único camino que encuentro para detener el descenso del cronómetro es buscar espiritualidad. Aprovechar, así como se aprovechó la mente que a nuestros hermanos no se les dio de manera potenciada, nuestro espíritu.
Pero oigo lo que hablan, piensan y sienten (si es que se le puede llamar sentir) los demás, y me da tanta rabia y lástima de mi propia especie.
“Dios ha muerto” “El hombre lo es todo” “Somos la punta de la pirámide”

¡Basura!

Hay veces que me siento tan orgulloso de mi especie, y otras donde siento tanto asco de llamarme humano.
El espíritu es el segundo don potenciado que nos diferencia de nuestros hermanos, y todos parecen tener terror a usarlo.
¿Alguien puede ver el Amor? ¿Alguien puede ver la Pasión? ¿Alguien puede ver la Inteligencia? ¿Alguien puede ver el Dolor?
¡Claro que no, ya que se sienten!
Pero todos conocen por lo menos uno de ellos, y es porque estos nacen del espíritu.
Tontos… creen y conocen las ramas pero reniegan e ignoran el tronco.
Y aquellos que conocen el tronco, lo escupen una y otra vez al temerle a su inmensidad.
Es mi espíritu quien me prohíbe dañar a la Tierra, quien me prohíbe dañar a mis iguales y quien me prohíbe renegar el tronco.
Cierto, el tronco no se ve, pero ganen un poco de consecuencia y, si van a negar el tronco, nieguen también las ramas. Veamos a dónde van a parar sin amor, inteligencia, dolor ni pasión.
Veamos a dónde van a parar sin espiritualidad.
Fe.

“Y pensar que aún tengo confianza en la humanidad”
“A ratos me siento iluso”

Relldiloth... irlot traidor de traidores.

VIII… Fuego y viento.


…no podía creerlo. Había engañado durante semanas a las máximas autoridades del Gobierno y del ejército de ese país, también a mi Rey y a su Comandante Rojo y, para terminar, a dos de los mejores actores y ladrones del mundo. Había maquinado cada movimiento como los engranes de un reloj, tejido cada hilo como la más cauta araña… ¡y este imbécil de mi hermano pone en peligro todos mis planes! Bueno, él no sabía que yo iba en ese barco, ¡pero aún así! Fue un idiota. Si no fuera por mis enemigos, los que no sabían que eran mis enemigos, todo ese tiempo se habría perdido. Que par de niñas más descerebradas… salvaron el barco de una espectacular caída que nos habría matado a todos. ¡Y ese miserable y arrastrado ladrón de mercado! Luego de conseguir mis objetivos, el muy maldito me quita los Emblemas nuevamente, ¡era todo lo que quería y me los quitó! Y, por si fuera poco, luego de conformarme con su decapitación el muy maldito se escapa… ¡y esos oscuros! ¡Y esas niñas! ¡Cuanta rabia!
Tendré que empezar de cero, pero nadie se entrometerá en mis planes.
Ahora estoy solo… mi Rey se ha enterado de mi doble traición y el exilio es lo único que me queda.
… pero mi venganza será tremenda.
¡Maldito actor de mala muerte!

domingo, 24 de junio de 2007

Jofhed, actor y empresario de Altedia.

VII… La Cuna.



Pedazo de animal engreído… y al único al que podría llamar hermano. Y no es que tengamos lazo sanguíneo.
Lo conocí a los pies de un templo, pero nunca se lo he dicho. Él estaba durmiendo en las escaleras del lugar y me acerqué para dejarle una moneda. Para mí era un vagabundo cualquiera e hice lo que habría hecho por un vagabundo cualquiera. Sin embargo, cuando me giré para seguir mi camino, la moneda que le había dejado golpeó mi cabeza dejándome un gran chichón. Molesto, me di vuelta para ver qué diablos había pasado y lo vi de pie, con espada en mano y mirándome como se mira al ser que más se odia. Me gritó algunas cosas que hasta el día de hoy no entiendo, ya que estaba borracho y somnoliento, y luego me atacó miserablemente. Éramos sólo unos adolescentes. Me bastaron dos movimientos para dejarlo inconsciente y quitarle su negra Espada y me tardé dos minutos en decidir si lo mataba o lo dejaba ir. Algo en ese cuerpo inerte me impidió dar el fatídico golpe… él tenía algo que nunca pude explicar. Esa mañana guardé su Espada en su funda y lo devolví a los pies del templo, guardando también mi moneda, ya que entendí que lo había insultado con mi gesto. Uno tiende a creer que una persona que se ve sucia y andrajosa no es más que un mendigo, pero este tarado usa esa imagen para alejar de su vida a las personas que esteriotipan e interpretan lo que sus ojos dicen, dejando lo que dicta el corazón de lado. Esa mañana dejé mi corazón de lado y me guié por mis ojos, y por suerte este corazón despertó antes de matarle.
Dos semanas después lo vi sobrio en un mercado de la ciudad. Estaba haciendo una representación donde se mofaba del Senado y fue eso lo que me agradó de él. Me acerqué para conversar y descubrí que no recordaba nuestro antiguo encuentro, así que, después de ver su talento teatral, le propuse una reunión para formar un teatro como socios… y no aceptó inmediatamente. Después de mucho insistir, fue una sola la idea que lo hizo cambiar de parecer: “Tú tienes el sentimiento y yo la palabra. Un sentimiento sin palabra no es más que una verdad escondida y una palabra sin sentimiento no es más que una mentira al viento. Pero juntas, pueden llegar a cautivar al más frío de los corazones. ¡Vamos, lleguemos a ellos! ¡Saquémoslos de esta miseria!” Me vi en la obligación de recordar la mirada de odio que me dio a las afueras del templo, ya que la contrasté con la cálida expresión de hermandad que me regalaba ahora. Aceptó tras una sonrisa.
El día anterior a esa mañana en el templo, enterándome yo de esto un año después, él había perdido al único ser que le había amado… su madre. Fue la única vez que lo vi vulnerable y doy gracias a las estrellas por no haberle matado, ya que con su muerte habría sellado un fatal destino para miles y miles de personas alrededor de todo el mundo, incluyendo el mío.

Ephia, una polizón afortunada.

VI… Recorriendo sombras.



…ese día en el barco podría haberle escupido el rostro y me habría sentido tan orgullosa. Mi hermano decía que era lo peor de lo peor, y yo le creía a mi hermano… siempre le creí. Pero también decía que la Comandante era lo mejor de lo mejor y, para mi sorpresa, ella apoyaba al ser más despreciado de la faz de la tierra… bueno, al menos en esos días.
No confiaba en nadie, pero tampoco hallé motivos para desconfiar de nadie en cubierta. Junto a él nos infiltramos en esa base y se ganó mi respeto inmediatamente, sin mencionar que un día después peleó hasta el cansancio por salvar mi vida… y lo logró.
La tarde en que estaba maniatado en ese escenario de madera me sentí como la basura más grande. Había salvado mi vida y yo nada podía hacer por la de él. Sí, cierto, era sólo una quinceañera temblorosa, pero debía dar mi vida, de ser necesario, por intentar salvar la suya.
Él había luchado por salvar el mundo y ahora el mundo luchaba por cortar su cabeza… por suerte la cosa no se dio así. Aunque, a veces, me pregunto qué habría pasado si el mundo lo hubiera dejado como mártir, pero luego reacciono y digo: “¡oye, tonta! Lo estás matando en tu mente”.
Es que lo quiero tanto que agradezco día a día el poder aún presentar al traidor más grande que la historia recuerde como el padrino de mis hijos… el tiempo me ha enseñado que la vida es una ironía constante y, cuando menos te lo esperas, te bofetea con su sutil guante de seda.

Epitafio

ADEPTUS
C.S.A
Martes 16 de Diciembre de 1986 – Domingo 16 de Diciembre de 2007

“No importa que tan oscuros sean nuestros días, ni que tan inseguras se levanten nuestras noches.
No importa cuantas batallas tengamos que librar, ni cuantas derrotas nos aflijan.
No importa si la injusticia reina en la mente de todos, ni si el tirano gobierna sobre nuestra gente.
Lo importante es que la esperanza viva por siempre, ya que ella nos mantendrá de pie para seguir combatiendo estos males.
Y triunfaremos.

La muerte me ha sonreído y no me ha quedado más opción que devolverle la sonrisa.
Pero pronto la vida me volverá a sonreír, y gustoso estaré de devolverle a ella también el gesto.
Esperanza.”

jueves, 21 de junio de 2007

Corriente mental.

...

Son dos caras en un rostro… ambas lloran como el invierno más frío y ambas ríen como el Sol más vivo.
¡Esencia de vida y muerte!
¡Clamor de paz y guerra!
Hay quienes buscan la vida a través de la muerte… hay quienes buscan la paz a través de la guerra. ¿Hay alguna diferencia? Las cosas se buscan o simplemente se dejan.



Libertad… que palabra más utópica y mentirosa, pero me cautiva con su temple de esperanza.
Durmiendo sobre la fría hierba del valle, vi un unicornio que corría tras una mariposa. La colorida alada, en vez de subir su vuelo para escapar, se dejaba alcanzar y jugaba con su cazador, hasta que se posó en su nariz y lo forzó a estornudar tras un flameante hálito púrpura. El cornudo simplemente se sentó sobre la verde alfombra a ver cómo su compañera se perdía en la inmensidad del cielo.
Eso, para mí, es libertad… sencillez sin escrúpulos, dudas, ni miedo. Vivir.



Drástico como un rayo o cauto como una araña…
La canasta está llena y rebosante de manzanas, todas rojas y jugosas, de bella piel y perfecta forma… todas, menos una.
Las compañeras miraban a la podrida con lástima y querían ayudarle, por lo que ofrecieron sus cuerpos para cargar juntas tal cruz de muerte. Lentamente descubrieron que nada puede ganarle al tiempo y ya no era una la enferma, sino todas.
Sabia fue la manzana que propuso amputar el trozo podrido de su compañera, mientras se pudiera… nadie le escuchó.



Cuenta la leyenda que, en un mundo seco y yermo, sus hijos suplicaban por una gota de agua que nunca cayó.
Las madres veían como sus hijos se quebrajaban, los padres veían como sus familias se secaban, y los hijos veían como sus hermanos se petrificaban.
Era tal el dolor y el sufrimiento que no tardaron en romper en llantos… ríos de lágrimas evaporándose ante el Sol. Miles de personas que sentían que la vida se burlaba de ellos al regalarles gotas que desaparecían en segundos.
Ya nada podría salvarlos pero, de pronto, vieron como sus llantos hechos vapor se transformaban en grises nubes que no tardaron en tapar el Sol.
La lluvia cayó… los mares se formaron y sus vidas fueron bendecidas.
…sin dolor no te haces feliz.



Que irónico… la culpa es la mayor de las bendiciones, y nuestros atacantes los mejores maestros.
Es la conciencia la que nos fuerza a crecer desde dentro, negándonos la indolencia de producir daño. El error no es el error… el error es la falta de culpa.
No importa cuanto daño nos hagan, lo importante es saber cómo reaccionar… como aquel chino que persigue y asesina al monje tibetano y éste, en su inmensa sabiduría, le agradece desde lo profundo de su corazón. El militar chino, ignorante en los artes de la espiritualidad, se pregunta la razón de tal estúpida reacción… y el monje sólo contesta: “¡¡cómo no agradecerte!! Si me ayudas a cultivar la paciencia, don de los grandes.”



“Más vale golpe conocido que caricia por conocer”…
…¡que absurdo!
Para algunos es igual de complicado, pero mucho más sencillo. Cuando debes cruzar un río lo último que debes sentir es temor a la corriente.
El río está ahí… y la otra orilla allá. Tres canes a quienes sus dueños los llaman desde el otro lado.
Todos los amos tienen un objeto para sus animales, y el primero le tira una soga a su bestia, la que la toma con confianza, pero con las patas y no con el hocico… cruzando el río la corriente lo forzó a soltar la soga y se ahogó. Su amo no le enseñó cómo debía hacerlo. El animal debe ser enseñado… o siempre será un animal.
Al segundo su amo no le entregó nada, pero jamás le dio la espalda. “Cruza como puedas” le dijo… y cruzó. Bienaventurado sea.
Al tercero se le dijo “ven”, pero cuando se dispuso a cruzar, su mismo amo atravesó un muro gigantesco de hielo entre el can y el río… “no permitiré que te ahogues, por lo que no te dejaré cruzar”.
… de absurdo en absurdo. ¿Se le preguntó al perro?
De tres bestias una se ahogó y otra morirá tarde o temprano de hambre.
Sabio fue el dueño que ni ayudó ni perjudicó a su animal, ya que esa bestia fue la única que creció.



Se agita la corriente…

domingo, 3 de junio de 2007

Capitán Kirth... verdugo y salvador.

V… Ilusión y quiebre.



…y todavía no entiendo a ciencia cierta lo qué pasó ese día. Podría decir que mi vida cambió en aquel escenario de madera donde casi me convierto en el verdugo del que había salvado la vida de mi pequeña hermana, pero no, no fue ese el día.
Lo conocía desde hacía años y siempre lo desprecié. Es que cuando se jura con espada en mano para servir y proteger, se busca constantemente el prestigio que conlleva un logro, y él siempre me hizo hacer el ridículo en público. Mi misión era apresarle para que fuese juzgado y que se pudriera su cuerpo y su recuerdo en un frío calabozo pero, cuando por fin logré verlo maniatado y su vida estuvo en mis manos, me odié por tener que matarle. Gracias a las estrellas no fue así.
Sin embargo no fue ese el momento donde mi perspectiva cambió, sino aquel día cuando trabajaba para mis viejos enemigos y el grupo me convenció de mi error. ¡Fue todo tan rápido! Lo odié durante años y lo aprendí a respetar de un segundo para otro.
Que irónica es la vida. Quién diría que un Capitán como yo terminaría trabajando junto al hombre más buscado en las cuatro naciones. Y que orgulloso me siento ahora de haber estado equivocado.
Cuando éramos enemigos me hizo tragar fango más de una vez, y ahora sé que me desayunaría gustoso un plato diario por enmendar mi error.

Willpower!!

Mmmmm… seis meses, trece días, ocho horas y treinta y ocho minutos… seis meses, trece días, ocho horas y treinta y ocho minutos… ¿qué son contra veinte años, cinco meses, veintitrés días, cuatro horas y cuarenta y ocho minutos?
…supongo que nada.
Es que, sí, es como en una carrera... puedes dar veinte, treinta o cien vueltas y todas te parecerán iguales. Mismo cansancio paulatino, misma emoción, mismo deseo, misma fe… todas serán prácticamente lo mismo, menos la última. ¡Ahí está la meta! ¡La puedes ver! ¡No hay que seguir corriendo! Te esperan pétalos cayendo del cielo, una gran botella con agua, aplausos en tu honor y también una enorme copa dorada saturada de champaña… lo único que hay que hacer es llegar a ella.
La sensación es extraña… sí, lo sé, no debe ser diferente, está bien así. Pero aún así es extraña. Como cuando sufres un deja-vu y te preguntas por qué se produce ese fenómeno, y la explicación que le das es la que los científicos encontraron apropiada y “comprobable”… “un ojo ve primero y las señales llegan a destiempo al cerebro”… sin embargo, a pesar de conformarte con esa idea, algo en tu interior te dice que las piezas no encajan, que algo falta o algo sobra… inconscientemente sabes que algo no está bien con esa idea, pero te conformas, porque alguien calificado de prestigioso te lo dijo o se lo dijo a alguien que te lo dijo.
Como un golpeado de tequila con cicuta… y mucho limón.
Seis meses, trece días, nueve horas y ocho minutos… ¡rayos, son sólo 16.967.280 segundos!
…16.967.279… 16.967.278… 16.967.277… u_u ya me mareé…
Lo que necesito ahora es concentrarme. Sacarme de la cabeza el embudo alto del reloj de arena y concentrarme en el bajo… el que se está llenando.
Sólo espero que no duela… ¬¬ bueno, y si duele qué! Ya estoy curado de espanto… da lo mismo.

Y pensar que estas vueltas son sólo el calentamiento… ¿cómo será la otra pista? ¿Cómo será el otro estadio?
“¡¡No comas ansias!!” me dijeron por ahí… nunca he sabido seguir el consejo.

16.966.856…
16.966.855…
16.966.854…