NECIO
“Nuestra mayor virtud es siempre nuestro peor defecto”
Descubriste el fuego, herramienta que ningún par jamás habría soñado tener, y diste con él calor a tus hijos… a tu hogar… a tu frágil cuerpo. La naturaleza te lo regaló.
“Que madre más piadosa y sabia”
Pusiste piedra sobre piedra para protegerte de tus hermanos y de ti mismo. Levantaste murallas y elaboraste armas en tu afán por sobrevivir.
Comienza así tu búsqueda de la seguridad… la misma mente que te ha servido para encaminarte a la ruta de la grandeza, te mostró lo que es la muerte… y le temiste.
“Tus hermanos aún no caen en ese error, y nunca es tarde para aprender”
Te multiplicaste como la peor de las hierbas de la pradera, creciste como una burbuja que es inflada por un viento huracanado, pero sin romperse… aún.
Fuiste tantos que necesitaste una organización… y te organizaste, descubriendo así el poder.
Poder sobre tus iguales, poder sobre tu entorno.
Dominio.
“Cavas así tu propia tumba”
Pronto te sentiste orgulloso de tus logros. Caminaste a trancos hacia conquistas del ambiente, haciendo tuyos cielo, mar y tierra… y todo lo que en ellos había.
Usaste el fuego para la vanguardia de marchas de guerra, con las cuales dominaste la tierra. Usaste el fuego para construir las herramientas que te brindaron el don de la arquitectura, y conquistaste el mar con tus naves. Usaste el fuego para manipular los minerales de nuestra madre, y sometiste al cielo con tus pájaros de hierro.
Y no sólo usaste estos beneficios únicos, sino que también los sobre explotaste… y ahora tu madre reclama por el abuso.
“Mordiste la mano que te dio de comer, y el castigo más delicado sería el exilio”
Con tu mente conociste la belleza de manejar la comunicación. Números, letras, papel, señales telefónicas y ahora ya has alcanzado los satelitales… controlando también ambiente ajeno a nuestro mundo.
Los mensajes que antes tardaban décadas en llegar a destino, hoy los tenemos en un lapso de segundo.
Todo con el fin de acercarnos, y aún no veo que estemos verdaderamente cerca ni de nuestros vecinos.
Y usaste esto también como medio de control sobre tus iguales.
“Tiendes a crear belleza, hombre… y no tardas en darle el peor de los usos”
…….
¿Qué pretendes, miserable ser de extrema belleza?
Si seguimos matándonos entre nosotros, tarde o temprano no quedará uno solo… sin importar si nuestro “mal del conejo” se sostiene.
Si seguimos escupiendo nuestro plato de comida, pronto no será más que veneno de aparente dulzura… y no demoraremos en adoptar técnicas animales para sobrevivir. Así como opina un agente que conocí, hay seres en este mundo que cumplen con los patrones con los que nacimos… seres llamados virus.
El único camino que encuentro para detener el descenso del cronómetro es buscar espiritualidad. Aprovechar, así como se aprovechó la mente que a nuestros hermanos no se les dio de manera potenciada, nuestro espíritu.
Pero oigo lo que hablan, piensan y sienten (si es que se le puede llamar sentir) los demás, y me da tanta rabia y lástima de mi propia especie.
“Dios ha muerto” “El hombre lo es todo” “Somos la punta de la pirámide”
¡Basura!
Hay veces que me siento tan orgulloso de mi especie, y otras donde siento tanto asco de llamarme humano.
El espíritu es el segundo don potenciado que nos diferencia de nuestros hermanos, y todos parecen tener terror a usarlo.
¿Alguien puede ver el Amor? ¿Alguien puede ver la Pasión? ¿Alguien puede ver la Inteligencia? ¿Alguien puede ver el Dolor?
¡Claro que no, ya que se sienten!
Pero todos conocen por lo menos uno de ellos, y es porque estos nacen del espíritu.
Tontos… creen y conocen las ramas pero reniegan e ignoran el tronco.
Y aquellos que conocen el tronco, lo escupen una y otra vez al temerle a su inmensidad.
Es mi espíritu quien me prohíbe dañar a la Tierra, quien me prohíbe dañar a mis iguales y quien me prohíbe renegar el tronco.
Cierto, el tronco no se ve, pero ganen un poco de consecuencia y, si van a negar el tronco, nieguen también las ramas. Veamos a dónde van a parar sin amor, inteligencia, dolor ni pasión.
Veamos a dónde van a parar sin espiritualidad.
Fe.
“Y pensar que aún tengo confianza en la humanidad”
“A ratos me siento iluso”
