Jofhed, actor y empresario de Altedia.
VII… La Cuna.
Pedazo de animal engreído… y al único al que podría llamar hermano. Y no es que tengamos lazo sanguíneo.
Lo conocí a los pies de un templo, pero nunca se lo he dicho. Él estaba durmiendo en las escaleras del lugar y me acerqué para dejarle una moneda. Para mí era un vagabundo cualquiera e hice lo que habría hecho por un vagabundo cualquiera. Sin embargo, cuando me giré para seguir mi camino, la moneda que le había dejado golpeó mi cabeza dejándome un gran chichón. Molesto, me di vuelta para ver qué diablos había pasado y lo vi de pie, con espada en mano y mirándome como se mira al ser que más se odia. Me gritó algunas cosas que hasta el día de hoy no entiendo, ya que estaba borracho y somnoliento, y luego me atacó miserablemente. Éramos sólo unos adolescentes. Me bastaron dos movimientos para dejarlo inconsciente y quitarle su negra Espada y me tardé dos minutos en decidir si lo mataba o lo dejaba ir. Algo en ese cuerpo inerte me impidió dar el fatídico golpe… él tenía algo que nunca pude explicar. Esa mañana guardé su Espada en su funda y lo devolví a los pies del templo, guardando también mi moneda, ya que entendí que lo había insultado con mi gesto. Uno tiende a creer que una persona que se ve sucia y andrajosa no es más que un mendigo, pero este tarado usa esa imagen para alejar de su vida a las personas que esteriotipan e interpretan lo que sus ojos dicen, dejando lo que dicta el corazón de lado. Esa mañana dejé mi corazón de lado y me guié por mis ojos, y por suerte este corazón despertó antes de matarle.
Dos semanas después lo vi sobrio en un mercado de la ciudad. Estaba haciendo una representación donde se mofaba del Senado y fue eso lo que me agradó de él. Me acerqué para conversar y descubrí que no recordaba nuestro antiguo encuentro, así que, después de ver su talento teatral, le propuse una reunión para formar un teatro como socios… y no aceptó inmediatamente. Después de mucho insistir, fue una sola la idea que lo hizo cambiar de parecer: “Tú tienes el sentimiento y yo la palabra. Un sentimiento sin palabra no es más que una verdad escondida y una palabra sin sentimiento no es más que una mentira al viento. Pero juntas, pueden llegar a cautivar al más frío de los corazones. ¡Vamos, lleguemos a ellos! ¡Saquémoslos de esta miseria!” Me vi en la obligación de recordar la mirada de odio que me dio a las afueras del templo, ya que la contrasté con la cálida expresión de hermandad que me regalaba ahora. Aceptó tras una sonrisa.
El día anterior a esa mañana en el templo, enterándome yo de esto un año después, él había perdido al único ser que le había amado… su madre. Fue la única vez que lo vi vulnerable y doy gracias a las estrellas por no haberle matado, ya que con su muerte habría sellado un fatal destino para miles y miles de personas alrededor de todo el mundo, incluyendo el mío.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario